
Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.
Sumario: 226- Fantasía y realidad. 227- A codazo limpio. 228- La peste. 229- La imagen de S. Pancracio. 230- Estar
ocupado.
Durante estos últimos días he estado pasando a la web de Hispano-Ataxias las notas que me dejó escritas el Genio del juego de "los tres deseos". En lo esencial coincido con la filosofía de XXXXX de endulzar en lo posible la vida creando fantasías con los sueños cuando la realidad es amarga. Sí, estoy de acuerdo. Sin embargo, no puedo ocultar que soy un mar de dudas en todos y en cada uno de los aspectos de esta filosofía. Dícese que la duda es la sombra del hombre y que la ignorancia es el principio de la sabiduría. Y ahora, no es por presumir de intelectual, pero he de reconocer estar más desconcertado que un ateo dentro de una iglesia :-) .
En realidad me han aturdido los numerosos palos recibidos en la tómbola de la vida. Y ando tan despistado que no si creer lo que cantaba el desaparecido Nino Bravo: "Piensa que la alambrada sólo es / un trozo de metal. / Algo que nunca puede detener / tus ansias de soñar". O creerme la frase de mi madre dicha a modo de refrán: "Cuando la semana está de piojos, de nada sirve que te mudes de camisa". Y si así fuese, cambiando la copla: "Ni contigo ni sin ti / tienen mis males remedio / si sueño porque no vivo; / si no sueño, porque estoy muerto".
Si la vida es amarga y no pones algún sueño para endulzarla, es poner, valga la redundancia, más amargo ese amargor hasta llegar al punto de ser imposible tragarse la pócima. Y si sueñas, te das cuenta de ser un gilipollas inventando mundos inexistentes: y no sales de la frustración de ver los infinitos contrastes entre tus sueños y la realidad. En fin, que más o menos es como dicen a los moribundos en los hospitales: "De los que comen, algunos se salvan. Los que no comen se mueren todos". Vale, comeremos (en este caso, soñaremos). Probablemente nuestras ansias de hallar remedios infalibles nos impidan ver la eficacia de un remedio únicamente de supervivencia. Eso sí, lo puedo asegurar: esta medicina no conlleva efectos laterales indeseables.
¡Vaya rollos los míos!. Ahí va el chiste:
- Mamá -dice Ignacio-, ayudame a hacer la tarea.
Ignacio era un muchachote de 13 años de la era de los "donuts", a quienes los nacidos en la escasez de la postguerra hemos de mirar con los ojos hacia arriba debido a su gigantesca estatura comparada con la nuestra.
- Hijo, déjame hacer la cena. Pregúntale a tu padre que simplemente está apoltronado en la butaca leyendo el periódico. Ya sabes que desde que comenzaste con las ecuaciones, tu madre ya no sabe ayudarte con los estudios.
- Papá -preguntó Ignacio-, ¿puedo hacerte una pregunta?.
- A ver, hijo. Tú dirás -respondió el padre arrellanándose sobre la butaca y dejando el periódico sobre la mesilla.
La profesora de literatura nos ha encargado una redacción sobre las diferencias entre la fantasía y la realidad. Y yo no lo tengo nada claro.
- ¡Caray, qué cosas más raras os manda esa profesora!. En mis tiempos escolares nos mandaban hacer redacciones sobre hechos visibles y palpables: Como el partido de fútbol, o la tarde del domingo, o la función del teatro que hacíamos por Navidad.
- Sí, claro. Eso estaba "chupao". Así cualquiera...
- Bien, a ver cómo te lo explico: Fantasía es algo que se revive o representa en la imaginación, pero no existe, solamente son imágenes ilusorias o ficticias. Y realidad es lo que existe o sucede. ¿Entiendes?.
- A medias.
- ¡Puf!. Vamos a ver. Por ejemplo, tu madre imagina que hace el amor con Billy Clinton por un millón de dólares, y tu hermana imagina que hace el amor con Brad Pitt por otro millón de dólares. Sin embargo, ambos hechos son imaginarios, representados por ellas en su mente y que no suceden. ¿Ves ahora la diferencia entre la fantasía y la realidad?.
- Sí. La fantasía sería que tenemos dos millones de dólares, y la realidad que no tenemos un "puto" duro.
- Muy bien. Ya veo que lo has entendido.
- Y en materia sexual, la fantasía sería...
- ¡Basta ya Ignacio! -cortó en padre temiendo que el muchacho dijese alguna chorrada.
- La fantasía sería que tenemos una casa de putas, y la realidad que tenemos dos putas en casa.
Yo no sé bien si la luna llena tiene alguna influencia sobre el comportamiento humano, y cuando la luna se pone rellenita todos nos ponemos a aullar como hombres "lobos" o como hombres "bobos". Tal vez tras esa alusión bastante frecuente, se esconda la manía humana de culpar a alguien o algo de cuanto nos ocurre. Y entonces, en este asunto, la luna sería como el pobre gato fácil de culpar y sin voz para replicar, pues ni siquiera maulla. Posiblemente todo sea tan fácil como encogerse de hombros y pensar que las cosas pasan porque pasan. Porque, de lo contrario, podríamos ir pensando en "inyectar" un virus hormonal al satélite lunar para alterar sus fases para librarnos de los desmanes achacados a la influencia de la luna llena.
Y, como voy a meterme en un terreno peligroso, para que nadie se moleste en hacer reclamaciones por cuanto aquí se dice, advierto que esto es un texto de humor donde no se afirma nada. Cada cual puede opinar como le dicte su conciencia en cada momento. Esto es un simple juego de palabras cuya única pretensión es hacer esbozar una sonrisa al lector.
Vivimos en una sociedad informativa donde, desgraciadamente, los "fiambres" cadavéricos son el pan "noticiario" de cada día. Y cada vez que ocurre un suceso similar tres veces seguidas, salvando la distancia en el tiempo, aquí se arma la de San Quintín contra los Franceses. Y emisoras de radio y cadenas de televisión nos aturrullan con debates sobre ese tema con teorías y conclusiones influenciadas con la cercanía de unos hechos que ellas mismas se han encargado de magnificar y publicitar. Uno de estos temas que han lanzado últimamente es el mal trato a las mujeres.
Yo condeno toda clase de violencia, y ésta también está incluida. Y cierto es que en cuestiones de violencia física en el matrimonio, el hombre "se lleva la palma" (en negativo), porque la naturaleza le ha dotado de mayor fuerza, y donde el hombre "pone la mano", como en el caso de Atila "no crece la hierba". Por otra parte, existe una cultura machista donde algunos hombres consideran a la mujer, no como mutuos compañeros, sino como un objeto de su propiedad y hasta inventan cuestiones de honor. ¡Qué barbaridad!. Sin embargo, en realidad las cosas son mucho más complicadas que dejarse llevar por el ruido de tres sucesos recientes casi seguidos. Un matrimonio es un coto cerrado donde nadie debiera saber "si duermen juntos o duermen en camas separadas". Y si alguien lo sabe, es que las relaciones no van bien. Y si las relaciones no van bien, habrá dos versiones y "cada uno cuenta la feria a su antojo".
Pero existen otras realidades menos visibles que esos tres sucesos que han saltado a las noticias. Basta ser un buen observador para saber que hay de todo en cuestiones matrimoniales. Por los extremos, hay hombres, que aparte de tener a la mujer como criada, sólo la quieren para satisfacer sus instintos masculinos. Y por contra, hay mujeres que llevan al hombre como un "chucho faldero" para presumir de lo buenas domadoras que han sido en la vida. En fin, que hay varias clases de violencia. Y, la Naturaleza, que es sabía, no ha dejado a ningún bicho viviente sin sus armas. Y cuando a mi perro "por muy perro que sea" le da por acosar a un erizo, acaba con la patita coja y la boca llena de llagas. Y no puedo quejarme de violencia por parte de mi mujer ni ella podría acusarme a mí, sencillamente porque nunca he estado casado :-) .
Y ahí va mi chiste:
"Cuentan que un matrimonio de personas residentes en la ciudad y recién adquirida la edad de jubilación, fue a visitar una Feria de Muestras Agrícola. Los temas allí tratados ni les iban ni les venían, solamente estaban dándose un paseo. Por un error se metieron en un stand donde estaban subastando sementales vacunos de la raza Holstein-Friesian, también llamada Frisona. Tirando de una cabezada roja y ante la vista de los espectadores, un operario intentaba pasear al toro como un/a modelo exhibe unos "trapitos" en una pasarela, salvo que el toro no contoneaba ostensiblemente las caderas. A continuación, el subastador con un micrófono pregonaba las excelsitudes de la carta genealógica del animal.
- Este toro nació en la granja Cántabra de "La Vaquilla". Es hijo de famoso "Sultán" importado por la Junta de Cantabria. Su madre ganó el primer premio en la LXIII Feria Ganadera de Torrelavega. El año pasado produjo para inseminación artificial 425 dosis de semen para la Central lechera de la Rioja.
- ¿Te has fijado? -dijo la mujer al tiempo que propinaba un tremendo codazo en el estómago al esposo-. 425. Sale a más de una diaria. ¡Y tú no haces ni una al mes!.
Se procedió a la subasta, y una vez adjudicado el animal, sacaron un segundo toro.
- Este toro - anunció el subastador- procede de una granja ganadera en Texas (USA). Su padre ganó el primer premio en la sección de sementales de razas lecheras en la Feria de Tucson, y su madre el año anterior ganó la medalla de plata en la misma feria en la sección de hembras de razas lecheras. El año pasado fue el toro oficial para inseminación artificial de "La Central Lechera del Cantábrico". De este toro se comercializaron 1200 dosis de semen.
- ¿Te has fijado? - repitió la mujer dando un codazo, aún más fuerte que el anterior, en el estómago del marido . ¡1200!. Eso sale a 100 al mes. ¡Y tú algunos meses ni siquiera te estrenas!.
Siguió la puja, adjudicaron el toro, y sacaron otro semental.
- Este toro -pregonó el subastador- nació en una granja del Estado Canadiense de Manitoba. Su padre ganó la medalla de oro de sementales en la LXIV Feria Ganadera de Vancouver. Su madre también ganó una medalla de oro en la Feria de Muestras de Quebec en el año 1994. El año pasado para inseminación artificial la Central Lechera Asturiana proporcionó a sus granjas asociadas 2400 dosis de semen de este animal.
Esta vez el codazo dejo completamente desbarrigado al esposo.
- ¿2400?. ¿Ha dicho usted 2400? -gritó la mujer al subastador levantando la mano en señal de querer hacer una pregunta.
El subastador, como no podía oír bien debido a los continuos comentarios de los asistentes al evento, dejó el micrófono sobre la mesa y se acercó al matrimonio:
- ¿Qué decía usted, Señora?.
- ¿Ha dicho usted 2400?.
- Sí Señora, he dicho 2400.
- Por favor -terció el marido-, explíquele usted a mi VACA que las dosis son para distintas hembras.
Cuando nuestro amigo Vicente Sáez Vallés en uso de su titulación en psicología nos habla de la "afección permitida", no entiendo bien sus palabras. Claro, soy profano en el tema, y no sé si Freud es de este siglo, del anterior, o fue contemporáneo de Sócrates :-) . Sólo sé que es conocido como el padre de psicoanálisis. ¡Pero como no sé qué eso!. Imagino que guarda relación con las judiadas que me hicieron cuando sentí los primeros síntomas de la ataxia y a los médicos se les metió en la cabeza que yo estaba loco. El método consistía en enseñarme una tras otra una veintena de láminas, y yo debía responder lo primero que me inspiraba el dibujo. Si tardaba en responder, el médico me advertía, y yo perdía la paciencia interiormente: "¡Pero que coño querrá que diga si todos los dibujos son mamarrachos abstractos!".
Imagino que Vicente dice que "la enfermedad no nos vence si nosotros no se lo permitimos" y, además, lo dice en un sentido figurado tendente a mejorar nuestro estado físico con una buena disposición psicológica. Porque ahí sí observo que mi deterioro progresivo se ha acelerado en los periodos depresivos. Y, dicho sea de paso, me parece una solemne tontería darlo una interpretación literal. La enfermedad y la muerte realizan su labor quiéralo o no lo quiera el paciente. A los cien años todos calvos, afirma el dicho. Y salvo honradas excepciones, muy pocos llegan al centenario.
Aún así, la influencia psicológica, aunque admito su enorme fuerza positiva, tiene un margen muy estrecho de maniobra por parte del individuo por ser ajena a su voluntad. Mi amiga Mari Carmen dice: "Yo quiero salir de la depresión. Te juro que lo intento, pero...". ¡Claro que lo intenta!. Querer puede ser un principio, pero no la solución total. Yo no sé si una parte del carácter de una persona se hereda en los genes o el total se pega a la persona de aquellos con quienes convivimos en la niñez y en la adolescencia, cuando se forma la mayor parte de la personalidad del individuo. Sea como sea, el ser humano y su carácter es el resultado de una suma de las circunstancias, pequeñas y grandes, de su vida y nadie puede cambiar drásticamente de la noche a la mañana. No basta decirse al acostarse "mañana cuando me levante iré por el mundo con un sonrisa franciscana sonriendo hasta a las florecillas del campo". Y no digo que la proposición sea inútil. Solamente digo que va a fluctuar dentro de esa estrecha banda de posibilidades que tenemos de cambiar nuestro carácter. Y es que como dice Victor Frankl, elegir la propia actitud ante las circunstancias es la última de las libertades humanas. Sí, pero una libertad muy pequeñita. La proposición aludida es positiva y proponerse algo es necesario para comenzar, pero... ¡Eso, eso!... pero... ¿Pero qué hago yo aquí lanzando oratorias si esto iba de humor?. ¡Ah sí!, iba a relatar un chiste en relación con la psicología:
Cuentan que un Burgalés iba andando en peregrinación a Santiago de Compostela. En el camino se encontró con "la peste". No se asustó a pesar de su cara de calavera, su guadaña al hombro, y su velo negro transparente que dejaba ver el esqueleto. Al revés, como Castellano abierto entabló diálogo con ella:
- ¿Dónde vas tan deprisa?. ¡Con ese velo transparente se te ven hasta los huesos!.
- Voy a Madrid a matar a 10.000 -respondió "la peste".
- ¿10.000?. ¿Has dicho 10.000? -preguntó el Burgalés-. ¿Y cuántos me rebajas si al año que viene peregrino otra vez a pie
hasta Santiago?.
- Ninguno -dijo "la peste"-. No puedo hacer rebajas. Reza si quieres por sus almas.
A la vuelta de Santiago de Compostela, a la altura de León, el Burgalés se encontró de nuevo con "la peste y le reprochó:
- Eres una mentirosa: Me dijiste que ibas a matar a 10.000, y en Santiago se dice que en Madrid murieron 80.000 víctimas de la peste.
- ¿Mentirosa yo? -replicó "la peste". He matado a 10.000, ni uno más ni uno menos. Lo que ocurre es que los otros 70.000 se han muerto de miedo...
En la parroquia de San Pancracio había una imagen de madera policromada, de dicho Santo y del siglo XIII, de incalculable valor por su antigüedad. Una mañana, al acudir el párroco a la iglesia se percató de que había desaparecido la imagen. Nervioso, inmediatamente telefoneó a la Policía, la cual envió un inspector para encargarse del caso.
Enseguida, todas la sospechas del robo recayeron sobre el sacristán. Antes de detenerle, el inspector le interrogó en la misma sacristía. El interrogatorio duró media hora. A la salida, el inspector, con cara de sorpresa, expresaba así su opinión al párroco:
- No entiendo nada. Estoy completamente seguro de que ha sido él quien ha robado la imagen... pero ¿por qué?. Es un pobre hombre. Este tipo no tiene madera de delincuente. En mi vida he visto de todo en los interrogatorios. Los interrogados juran y perjuran que ellos no han sido, echan la culpa a otro, se inventan coartadas, incluso algunos me han insultado y escupido... pero lo que hace éste es increíble: llorar y llorar, eso es todo. Todavía no ha dicho una palabra... ni sí.. ni no... ni yo no he sido... ni nada de nada. Ni siquiera me ha respondido cuando le he preguntado su nombre.
- Ahora recuerdo -dijo el sacerdote- que hace una semana me contó una historia que puede arrojar luz sobre este asunto. Tiene una hija con leucemia y necesitaba tres millones para un transplante de médula osea.
- ¡Ah!, si es así, todo encaja perfectamente -respondió, satisfecho, el inspector.
- ¿Y ahora qué va a hacer? -preguntó el párroco-. ¿No irá a detener a ese pobre hombre?.
- ¡Y qué quiere usted que haga! -replicó malhumorado el inspector-. ¡La ley es la ley, y la ley no entiende de pobres hombres!.
- Puesto que no existe denuncia escrita, si recuperásemos a San Pancracio, podríamos olvidar el asunto, ¿no?.
- Sí. De acuerdo. Pero yo no veo cómo podríamos recuperar la imagen si antes en media hora no me ha dicho ni palabra.
- ¡Déjeme a mí! -exclamó el sacerdote mientras se encaminaba a la sacristía.
Escasamente un minuto después, el párroco salió con la respuesta:
- Se la entregó al dueño de una tienda de antigüedades que hay en la calle Mayor, número 24.
- ¡Maravilloso!. ¿Cómo lo ha conseguido? -preguntó el inspector.
- Sencillo. Le dije que si nos decía dónde estaba la imagen, usted le metería en la cárcel, pero yo podría sacarle inmediatamente... pero si no nos lo decía, San Pancracio le metería en el infierno, y yo allí no tenía influencias...
A mí, quienes dicen no tener nunca tiempo, siempre me han resultado sospechosos de esconderse detrás de la nada. No es lo mismo estar permanente ocupado que buscarse el estarlo
como excusa. Son dos cosas totalmente diferentes y posiblemente opuestas. Las personas permanentemente ocupadas suelen ser serviciales, y precisamente por dedicar el tiempo a los demás, no lo tiene para sí. Sin embargo, por sus características de serviciales, estas personas realmente ocupadas, nunca utilizarán la excusa del tiempo para abandonar la ayuda a otros. Si no tienen tiempo, lo buscan, aunque sea debajo de las piedras. Por el contrario, quienes se excusan tras el tiempo es a quienes les suele sobrar. Este tipo de personas, por lo general, carecen de cualquier planificación y su mayor ocupación es matar el tiempo. Suelen ser bastante alérgicos a poner en práctica el refrán: "lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana". Ellos sí lo dejarán para mañana. Y lo peor del caso es que nunca se sabrá cuándo será ese mañana, porque mañana lo dejarán otra vez para mañana. Por ello, la excusa de no tener tiempo les sirve para enmascarar su negligencia o para curarse en salud de posibles conflictos por la eterna respuesta del indefinido mañana.
Y ya va mi historieta humorística:
Cuentan de un estudiante gris de abogado [de esos que acaban la carrera, impulsados por el dinero de papá, a fuerza de repeticiones de curso] que tras recibir la titulación, contrató una secretaria y montó un despacho. Un amigo le aconsejó que no diese la impresión de estar parado y deseando recibir clientes. Por el contrario, debía dar a los clientes la impresión de ser un hombre importante y permanentemente muy ocupado. Por ello, el primer día que inauguraron el despacho, le dijo a la secretaria.
- Mira, Pepi, el primer cliente que venga le dices que yo tengo una reunión con un cliente y tendrá que esperar 10 minutos. Luego, le conduces a la sala de espera, y le tienes esperando durante exactamente el doble: 20 minutos. Finalmente, le haces pasar a mi despacho donde yo estaré fingiendo tener una conversación telefónica.
Así lo hizo la eficaz Señorita Pepi.
Cuando el cliente entró en el despacho, el abogado, muy amable, tapó el micrófono del teléfono con la mano, señalo el asiento frente a su mesa y dijo:
- Por favor, siéntese y espere un momento que enseguida acabo esta conversación telefónica.
- Sí... sí... -continuo el abogado diciendo por teléfono-. No hay problema... La ley está muy clara... El artículo 271 dice que el arrendatario no tiene derecho a ceder sus arrendamientos a terceras personas... Sí, claro, aunque esa tercera persona sea su hijo... Aún así, tenemos un caso similar de jurisprudencia en el artículo 324, barra 86... Sí, aunque no sean imprescindibles, me gustaría ver esos documentos de los que hablas... Tráemelos a mi oficina en la calle Velázquez, número 86... No, hombre, no, está en la misma acera que el Ayuntamiento, aproximadamente 200 más adelante... No, no, no, no, subiendo desde la plaza San Marcos.. La venida del General López es dirección prohibida en ese sentido... Aunque, si te fuese más fácil, el miércoles estaré en la Audiencia Nacional de diez a doce... Solamente tienes que preguntar al ordenanza por el Señor Márquez Arrate... Sí, Márquez Arrate...
El cliente acabó de revisar todos los objetos del despacho, se cansó de estar sentado y se dirigió a mirar por la ventana.
- Oye -continuó el abogado con el teléfono ya en plan de despedida por miedo a perder al cliente- que tengo que dejarte... Tengo un cliente esperando aquí mismo en la oficina... Venga, vale, hasta mañana... Adiós... Adiós.
- ¡Uff, qué pesado!. Casi no me suelta. Por fin, hemos acabado -dijo el abogado en tono de disculpas al cliente-. Bien, cuénteme su caso.
- Mire, soy un trabajador de Telefónica y la Compañía me ha enviado aquí para conectar su teléfono.