
Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.
Sumario: 196- Al hilo de las noticias. 197- En diciembre llovió a gusto de todos. 198- Wondebra. 199- Tacaño. 200- Solidaridad con Tardajos.
(Publicado en Diario de Burgos el 2 de abril de 1995).
El miércoles pasado, 15 de marzo, todos los medios de comunicación se hicieron eco de un atentado de tintes racistas cometido en una ciudad italiana. Yo me enteré a través de la página de sucesos de este mismo periódico. El cronista, en su titular, lo calificaba como atentado salvaje. A mí, sólo se me ocurre un adjetivo: repugnante. A la naturaleza del hecho ha de añadirse la inocencia de niños de las victimas del atentado y la forma macabra de llevarlo a cabo. Todo junto, hace que ya nos quedemos sin palabras a la hora de reprobar los hechos.
No es para menos. Un automovilista entregó una caja conteniendo una muñeca "Barbie" a unos niños de raza gitana que pedían limosna en un semáforo. Pero, ¡ah!, ¡ni el mismo demonio tiene esas malas ideas! En la muñequita había sido escondido un artefacto explosivo. ¡Con cuánta ilusión los niños abrirían su "regalo"! Y, ¡zas! Ambos pequeños resultaron heridos de consideración.
No es necesario cuestionar la moralidad de los autores de esta clase de cosas. De eso, nada, cero. Ellos mismos se descalifican. Ya habría que cuestionarse su condición de personas. ¿Serán animales con apariencia humana?.
En cuanto a nosotros mismos, no debemos calificar nuestro proceder respecto al racismo por las veces que condenamos llamativos atentados racistas. Nos autoconcederíamos buena conducta. Tampoco vale conceptuarnos por las veces que hemos actuado con desprecio ante individuos de otra raza. Tal vez no hallaríamos ninguna ocasión. Seguiríamos poniéndonos buena nota. Para un enjuiciamiento personal respecto al racismo, habríamos de preguntarnos cuántas veces hemos mirado a otros colectivos con aires de superioridad. ¿Cómo nos consideraríamos?.
En el polo opuesto al suceso tratado anteriormente, está otra noticia del día siguiente, 16/3/1995, (página 52). Mejor dicho, el acierto está en las declaraciones del protagonista y en la forma de presentarlas por parte de Diario de Burgos. Se trata de la presentación en Madrid de un disco por parte de Stevie Wonder.
Yo de música, nada de nada. Cariñosamente, ya me decía el profesor de esa asignatura: "Tú tienes oídos de burro". De verdad, mis cualidades musicales eran malísimas. No era capaz de repetir, en su tono correcto, la escala musical después de entonármela al completo. ¡Qué se le va a hacer! Por eso no sabría acordarme de un sólo sonido de este artista. ¡Ah!, sí. Recuerdo el "si bebes no conduzcas" con que, en un anuncio televisivo, acertadamente nos desaconsejaba ponernos al volante bajo los efectos del alcohol.
Pero no iba por ahí cuando comencé mi referencia. Con mis palabras sólo quería decir que no soy seguidor de Stevie Wonder. Ni lo más mínimo. Si hago alusión a él es por las declaraciones, no por su música. Al comenzar me refería a una bella frase del artista sobre el racismo. Es la siguiente: "El racismo y los prejuicios surgen del temor y éste de la ignorancia, nadie se puede creer en posesión de toda la verdad de este mundo, que es de todos".
En la crónica aludida, el redactor y el editor de este periódico tienen el acierto de colocar esta frase con letras grandes. Yo la he añadido a mi colección de frases de autoridades. Porque la autoridad no está tanto en quién lo diga, sino en la calidad de lo que se diga. Y, aparte de sus canciones, en este caso, Stevie Wonder la tiene.
(Publicado en la revista Regañón en el número de abril fe 1995).
Como si fuera un aguinaldo en vísperas de la Navidad, los agricultores recibieron de la C.E.E. el importe de la subvención de la P.A.C. No fue ninguna sorpresa. Nadie lo ignoraba. Estaba programado. Tampoco es ningún regalo. Es una compensación por vender los productos agrarios a un precio inferior a su coste. Y, ¡ojo!, lo sucedido este año puede resultar muy engañoso. Sin verlo así, engañoso, la subvención puede parecer un chollo. Los precios agrarios no han descendido lo previsto. La bajada de la peseta, la mala cosecha en el general del país y la escasez de grano en los almacenes, han sido las causas del mantenimiento de los precios de los cereales.
Pero, en fin, no diremos que no a todo lo que sea recibir. De todas formas, de nada serviría, esto es como las lentejas, "o las comes o las dejas". O los labradores cogen la subvención, o se quedan sin ella. No hay más elección. Y... viene bien cualquier ayuda para mejorar la economía rural. Como reza el dicho: "vale más pájaro en mano que ciento volando". Y, desde luego, este pájaro es dinero contante y sonante.
Sin embargo, yo, que soy un poco desconfiado, me pregunto: ¿Esto es bueno, o es malo? Tengo mis dudas. No sé responder a la pregunta.
Quienes hemos vivido del campo sabemos de mirar al cielo de una manera especial. Nos hemos preocupado por alarmantes sequías. Y nos hemos quedado más de piedra que la piedra que suponen los granizos cuando han destruido nuestro trabajo de todo un año: vacíos, sin sentido, impotentes, con los pelos de punta, y con ganas hasta de llorar.
Nunca llueve a gusto de todos. Eso es cierto. Si Dios esperase a mandar la lluvia a que nos pusiéramos todos de acuerdo, lo iba tener difícil. Unos pedirían calma para sembrar el girasol. Luego, otros solicitarían tiempo seco para segar las esparcetas. Más tarde los de los ajos, los de las patatas y quienes prefieren sol para pasear. El problema llegaría a alcanzar tal gravedad, que, al fin, nos juntaríamos todos para hacer unas rogativas. Todos, hasta quienes no han ido por la iglesia desde su primera comunión.
Hasta los mismos fenómenos
atmosféricos, con independencia
de quien mire y según el tiempo en
el que ocurran, unas veces son bien
vistos, y otras, todo lo contrario.
La lluvia es esperada en la
primavera y una lata cuando
perjudica los planes de sementera o
dificulta las faenas de recolección.
Los nublados son bien recibidos
cuando se necesita la lluvia, y nos
acordamos de Santa Bárbara
cuando resuenan sobre la cosecha
madura. Las heladas son positivas
cuando agrietan la tierra para
facilitar una labor de sementera,
pero son temibles en el mes de
mayo. El cierzo es de agradecer cuando se necesita un oreo del terreno para efectuar los trabajos
de siembra, y asusta en la primavera, pues reseca la tierra y anuncia un tiempo estable. Si acaso,
la nieve se salva de una doble interpretación, pero sólo si nieva a su tiempo.
Recibir siempre es agradable. Sin embargo, hay un pero en la percepción de esta subvención de la P.A.C.. Ya no se sabe bien si el labrador ha de mirar hacia el cielo, o hacia Bruselas. Y eso es lo grave del caso: Porque Dios "aprieta, pero no ahoga", y Bruselas cuando apriete no va a andarse con miramientos ni compasiones. Desde luego, la tan cacareada solidaridad comunitaria, nadie se llame a engaño, no existe. ¿Puede ser solidario un mercado? El mercader a lo suyo: ¡Si quieres un kilo de garbanzos, son 100 pesetas, y si no hay 20 duros, no hay garbanzos! Y, si a alguien le quedan dudas al respecto de la solidaridad de la C.E.E., que se responda a esta pregunta: ¿Puede ser solidario alguien obsesionado con reducir producciones de todo (leche, carne, vino, cereales, etc.) cuando 100.000 personas en el mundo mueren diariamente de hambre?.
Hoy en mi humor pudiera verse un cierto tono verdoso. Por favor, no juzguen a primera vista ni se dejen llevar ustedes por las apariencias. Les recuerdo lo de la copla: "Nada es verdad ni es mentira, todo es del color del cristal con que se mire". Es cada lector quien debe ponerse sus gafas personales y hacer su propia interpretación de mis palabras. Mi chiste, llamémosle hoy así, aunque no sé lo que es, es como un paisaje de primavera plasmado en un cuadro: Por hablar del colorido, el observante puede concentrarse mirando el "verde" de la exuberante vegetación (quizás montañas por lo de top-less), o, por contra, contemplar el color "azul" de un cielo radiante (reírse hasta de su sombra). De todas formas, no creo ofender a nadie ni que deba disculparme por haber escrito semejante pequeñez picarona en un mundo donde quien no corre, vuela. Y, a pesar de no sentir el más mínimo rubor, quiero dejar constancia de que mi intención al redactar este texto ha sido inducir al lector a esbozar una sonrisa, pero nunca provocar su lascivia:
¿Sabe usted qué es un wondebra...? Si no lo sabe, podría afirmar que no está usted a la moda. Pero no se preocupe por no saberlo, no es el único, yo tampoco tenía ni la menor idea de ello. Nunca lo he visto ni vivo ni muerto, es decir, ni puesto ni quitado. Es una cosita de esas que algunas mujeres le tiraron al diestro Jesulín de Ubrique en la plaza de toros de Aranjuez. ¿Ha caído ya...? Acabáramos, se llama sujetador. Un wondebra es una prenda femenina destinada, no sólo a cumplir una función de sujeción, sino, sobre todo, a realzar la silueta de la percha que lo sustenta (dicho humorístico, que no machista). Y si usted es lectora (en femenino), perdone por lo de percha, no ha habido ánimo de tratar a nadie de objeto. Sólo es una elegante forma de decir. El firmante respeta por igual a ambos sexos. Por encima de hombres o mujeres, todos somos personas.
Se entiende la explicación del párrafo anterior, ¿no...? Por si no hubiera quedado lo suficientemente claro, el wondebra es un modelito moderno que hoy causa furor entre las damas. Como hace años estuvo de moda el cruzado mágico de plaitex, o, antes, el famoso corset de nuestras bisabuelas: Aquel corpiño que apretaban entre dos intentando reducir la cintura casi a cero dando la sensación de pechugonas, o llevarlas sueltas según la moda de principios de siglo. ¿Llevarlas sueltas...? ¿Cuáles? ¡No se haga usted el/la ingenuo/a, hombre!. A estas alturas del escrito, ya lo sabe mejor que yo de qué va.
Bueno, una vez explicado que es un wondebra, ahí va la pregunta humorística:
- ¿En que se parece un wondebra al máximo gobernante de una dictadura...?.
- ¡Caray!, pero, ¿qué tendrá que ver el culo con las cuatro témporas, o las tetas con los políticos?.
¡Curiosa comparación! Eso mismo me dije yo la primera vez que me plantearon dicho interrogante tan extraño.
Se lo diré sin más dilación:
- El wondebra, como el Dictador, oprime a los de dentro (obligándolos a inclinarse hacia la parte central), engaña a los de fuera (haciéndolos ver una falsa realidad) y levanta los monumentos caídos (esto tercero no necesita de ninguna explicación).
Nací en un pueblo Castellano, allá por el año 1954. Aparte de sufrirse, como en toda España, los rigores de la postguerra, ésta era una comarca pobre. Por aquella época aquí gozábamos casi del techo de nuestro ser como pueblo, el cual comenzó a declinar en la década de los 60 cuando se inició una inmigración masiva hacia la ciudad en busca de mejores expectativas de vida. En mis tiempos escolares había dos escuelas, dos maestros, y 70 niños ruidosos para dar vida a la población. Hoy aquella no pasa de ser una situación puramente anecdótica: Los habitantes no pasan de 60, la mayoría son ancianos, y el número de niños es de tres. En resumidas cuentas, era una población muy alegre y totalmente olvidada de las penurias económicas. Nadie sabía que era un frigorífico ni que servicio ofrecía, ¿ pero para qué iban a desear ellos tener un frigorífico?. La televisión no era concebida, como hoy, como un electrodoméstico. El cura proyectó hacer un teleclub, y todos los vecinos trabajaron en la edificación de un amplio local para albergar una televisión que les permitese ver a todos juntos las piruetas de El Cordobés en su salto de la rana ante los cuernos del toro.
Digamos que el pueblo estaba en el punto alto de tradiciones y costumbres amasadas durante siglos de historia, pero cuyo final, por desgracia, estaba ya cercano. Una de las costumbres, quizás de todos los pueblos de Castilla, consistía en arrojar caramelos en bodas y bautizos. Es necesario apuntar que, en aquel tiempo, un caramelo para un niño de esta comarca tenía un significado muy distinto al de la actualidad. Hoy, cualquier niño, harto de dulces, tira un caramelo a medio chupar. Nosotros solamente veíamos caramelos con el motivo especial de una boda o un bautizo. Ni siquiera los caramelos solía formar parte de los aguinaldos navideños. Y ha de añadirse que en la pelea por recogerlos en bodas y bautizos, no sólo participaban los niños, sino TODOS los habitantes de la población (casi cuestión de honor). Cualquiera tendría entre sus anécdotas la de haber arrollado en un bautizo a una anciana haciéndole mostrar sus refajos y pololos, o que una anciana le pegase un cachete por pisarle la mano cuando el caramelo ya era de ella. Se supone que para contentar a 70 niños chillones, ávidos de caramelos, y otros 300 habitantes que pelearían como niños por recoger las golosinas, hacía casi falta (en términos muy agrarios) una fanega de caramelos (medida de volumen equivalente a 42,5 kilogramos de trigo).
Los niños, tras el bautizo y a la vista de nuestro botín, calificábamos el bautizo: "Ha sido un bautizo roñoso", " ¡Jo, se ve que son ricos!", "¡Qué esperabas de un pobre!", y otras expresiones por el estilo. Teóricamente los caramelos los pagaban los padrinos. Por eso, en ocasiones se buscaba descaradamente padrinos de un mayor poder adquisitivo. Aunque lo más frecuente era tener padrinos de compromiso: familiares, o amigos, o a alguien que se había ofrecido durante el embarazo y había conseguido la promesa de otorgarle tal dignidad. Mi madre cuenta que en el bautizo de una de mis hermanas tuvo una madrina de compromiso con fama de tacaña. Para evitar que los niños calificasen el bautizo de roñoso, mi madre, aún convaleciente (pues normalmente el bautizo era unos días después del parto) mandó a mi padre comprar los caramelos. Mi madre cuenta "que la llevaban los demonios" cuando aquella señora extraía de la bolsa grandes partes: "Estos para el cura. Estos para Fulano. Estos para Citano".
- ¿Y para el bautizo? -decía mi madre.
- Mira, hija, lo que se tira no se tiene -respondió la madrina.
Bien, ahí va mi chiste:
Cuentan de un cincuentón soltero, con fama de tacaño [por eso aún estaba soltero :-)], tenía una única hermana, también soltera, que falleció de cáncer.
- Baldomero, tienes que poner una esquela en el periódico -le aconsejó el asesor financiero.
- ¡Qué esquela, ni qué cuernos!. ¡Ni que eso fuese gratis!.
- Baldomero, date a razones. Tú no ves que la gente va a pensar mal de ti al ver que te llevas una suculenta herencia y eres tan desagradecido como para negarte a poner una esquela en el periódico.
Baldomero se convenció de que su deber era poner una esquela, y telefoneó al periódico:
- ¿Cuánto dinero cobran por poner una esquela -preguntó Baldomero al encargado de recoger los datos en la redacción del periódico.
- Esa pregunta es muy difícil de contestar -respondió el empleado- Aunque le respondiese, usted no me entendería. Se trata de un coeficiente preestablecido que se ha de multiplicar por el número de centímetros de la superficie del recuadro contratado y por la diferencia a la alta entre el número de palabras del anuncio mortuorio y un mínimo predeterminado.
-Bueno, es igual. No he entendido nada. Quiero una esquela lo más barata posible.
Al empleado se le cayó el alma a los zapatos por el hecho de que alguien le pidiese la esquela lo más barata posible, y, creyendo que era un problema de inexistencia de dinero, casi se excusó diciendo:
- Bueno, usted debe comprender que esto es una empresa privada y tenemos una lista de tarifas uniforme para todos los clientes. Pero en fin, podríamos hablar con el Señor Director, tal vez él no tenga ningún inconveniente en cederle un espacio para esquela de forma gratuita si usted careciese de medios económicos.
Esto irritó a Baldomero. Todos los ricos necesitan a los pobres para presumir de su dinero.
- Oiga, joven, ¿a usted quién le ha dicho que yo carezco de medios económicos?. ¡Sepa usted que tengo tres bloques de pisos en uno de los barrios más lujosos de la ciudad!.
- Vale, vale, no se enfade por mis buenas intenciones. A ver, ¿qué texto quiere poner en la esquela?.
- Sí. María González murió el 1 de abril de 1999.
- ¡Eso es todo! -exclamó el empleado del periódico que ya se estaba cachondeando del proceder del interlocutor.
- ¿No me ha hablado usted de que para hallar el importe interviene no sé que coeficiente de número de palabras?.
- Sí, pero el mínimo es 30 palabras. Hasta 30 palabras no comenzamos a contar y la tarifa es la misma.
- Bueno, añada: Vendo el Opel Corsa de la difunta. Está seminuevo.
- ¿Y no ponemos el "q.e.p.d."?.
- Buen, pues ponga también el "q.e.p.d.", si cabe.
- ¿Y dónde lo pongo, al principio a al final?.
- ¿Me podría explicar usted de una puñetera vez cuál es la diferencia? -gritó irritado Baldomero-. ¡Sepa usted que esta conversación telefónica me está costando un ojo de la cara!.
- Sencillo -replicó el empleado-. "q.e.p.d" al lado del nombre del difunto significa "que en paz descanse, y al lado del automóvil significa "que está para desguazar".
(Escrito pora la sección "Editorial" de la revista Regañón).
De pronto en la sociedad española nos hemos vuelto todos ecologistas. Y eso está muy bien. Últimamente han proliferado las normas para la no agresión al Medio Ambiente y para depósito de residuos. Es normal que así sea. Sin embargo, en este punto nuestra sociedad rompe la normal lógica de que quien produce los residuos "apechugue" con las consecuencias. Pero no. ¡Zas! Inmediatamente confundimos ecologismo con la limpieza de nuestra propia casa y buscamos algún tonto que cargue con los residuos. Y ya sean lodos de depuradora, ya sean desechos nucleares, u otra clase de productos perniciosos, cuanto más lejos, mejor. ¡Que cargue el vecino con ellos!.
No hace mucho tiempo, desde estas páginas clamábamos contra los malos olores y la posible contaminación de aguas producidas por el vertido de lodos de la depuradora de Burgos en las tierras de nuestra comarca. Ahora les ha tocado parecido problema a nuestros vecinos de Tardajos como consecuencia de un desborde por las lluvias en una balsa de la planta de compost. En su caso sí llegó la sangre al río y se contaminó la red de agua potable produciendo "descompost" en los habitantes. En este punto y recordando nuestras anteriores quejas, la Comisión de esta Revista tenemos la obligación de mostrar nuestra solidaridad con nuestros vecinos de Tardajos.
Desde nuestra posición, no podemos bendecir la violencia de algunos de los habitantes de Tardajos. Sin embargo, mucho menos podemos aprobar las actitudes prepotentes de las Autoridades (todas las Autoridades). Tampoco podemos entender los desaires desmesurados de la prensa que los ha condenado sin paliativos por una chiquillada mientras saca jugo y más jugo a las noticias de acciones realmente violentas.
Y es que algunos vecinos de Tardajos cometieron la tontería de tirar huevos. ¡Qué querían que tiraran! ¿Flores? Son los eternos problemas de tener cara de pobre y ser honrado. ¡Ay, pobrecillos, se quedaron sin saborear su tortilla en las bodegas! Y mientras esto sucede (que no pasan de ser puras anécdotas), vemos como las Autoridades (todas las Autoridades) incitan a la violencia bajándose los pantalones ante revueltas verdaderamente violentas, algunas incluso con cocteles molotov y munición parabellum. Ahí están los ejemplos de la central nuclear de Lemóniz, la autovía de Leizarán, etc. Pero estas Autoridades (todas las Autoridades), tan valientes, se crecen ante la tirada de huevos e imponen multas por realizar manifestaciones inocentes y de tres al cuarto que se niegan a autorizar. No hace falta decir que cuando se destruyen cabinas de teléfonos y se queman autobuses estas Autoridades (todas las Autoridades), tan valientes, en lugar de poner multas por manifestaciones no autorizadas, esconden las orejas. Pero esta vez lo arrojado eran simples huevos y los de Tardajos tienen cara de honrados. ¡Qué lo vamos a hacer!.
Desde estás páginas de la revista Regañón, no podemos hacer otra cosa que recomendar la protesta pacífica. Acompañamos nuestra recomendación de la frase celebre del capitán Méndez hecha hace más de cuatro siglos frente a las costas de Perú: "Más vale honra sin barcos, que barcos sin honra". Lo "jodido" del caso es que algunos se quedan con las dos cosas: con los barcos y con la honra, y a los demás nos dan los lodos... y lo que pueda venir... ¡Toquemos madera!, pero sin olvidarnos de las protestas.