Negros nubarrones en el horizonte.



Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.

Sumario: 176- A quienes corresponda. 177- Ricos y pobres. 178- Ola de robos. 179- Macrofiestas. 180- El prófugo y el burro.



176- A QUIENES CORRESPONDA

(Publicado en la revista Regañón en el número de julio de 1995).

Se dice..., se dice..., se dice..., ¿será verdad? Cuando se quiere ir por el camino de la denuncia, sin ánimo de perjudicar a nadie, es necesario lanzarse de cabeza a la piscina sin ningún miedo, aun a riesgo de romperse la crisma contra el fondo. No se puede esperar. Lo ideal sería escribir sobre una certeza, en vez de comentar un simple "se dice". ¿Será cierto?. Sin embargo, no es posible aguardar a ver qué pasa. Entonces, ya sería inútil, pues sería denunciar hechos consumados. Se pretende hacer una denuncia para despertar conciencias, pero no un lamento a tiempo pasado.

No dispongo de otros informantes que los comentarios al respecto oídos en la calle y un artículo de Regañón. Esta revista es un medio de información abierto a las distintas opiniones de la comarca del Pisuerga. Firma el escrito la "La Comisión de Revista". Se trata del acuerdo Retevisión-Diputación para poner emisores para las televisiones privadas en las localidades de más de cien habitantes. En esta comarca, de Pisuerga, los grandes, se dice, son cuatro: Castrojeriz, Melgar de Fernamental, Sasamón y Villadiego (perdonen si me olvido de alguno). ¿Y los demás qué? ¡Esa es la madre del cordero!: la diferencia entre localidad, núcleo, población, entidad local menor y municipio. Pues, todos los municipios señalados abarcan varios núcleos rurales. Y algunas poblaciones, aun superando esa citada cifra de habitantes, son entidades locales menores integrantes de un municipio situado en otra población mayor. Esa es la inquietud comentada: ¿Llegará la emisión a quienes no viven el núcleo principal? Se podría dar un agravio comparativo entre ciudadanos de un mismo municipio. ¿Intentan desunirnos? Si nos hemos unido para hacer Municipios más grandes y una Mancomunidad, ¿por qué no unirnos para poner un emisor de TV?.

Yo creo que, por parte de los responsables, se debiera responder a estas preguntas de una manera urgente. Y no a mí, que, sin ser grupo musical, soy el último de la fila. Sino, responder al pueblo, a quien dentro de unos días se le va a pedir el voto. Porque, ¡demonios! ¿somos o no somos? ¿Somos para votar y no somos para sintonizar las mismas ondas de televisión que ellos? ¿Somos para aportar y no somos para recibir?.

Aprovecho para enviar un mensaje a todas las partes implicadas:

Retevisión: No sé quién eres. Tal vez, tú no hables mi idioma. Quizás hables el lenguaje de la rentabilidad. Mal idioma, pues pone a la economía por encima del mismo hombre. En ese caso, te recuerdo que no existe empresa si no existe el ser humano. Y si eres alguna entidad pública, te recuerdo que en la Constitución hay un artículo donde dice: "Todos los españoles son iguales ante la ley". Vivamos donde vivamos, añado yo.

Diputación: Te recuerdo que eres una Administración Pública y administras el dinero de todos. Si alguien necesita de la televisión, por desgracia, son los núcleos menores. Porque, en muchos de ellos, sus habitantes no tienen más oportunidades para llenar su tiempo libre: Carecen hasta de un bar para cantar las cuarenta en bastos, o dar un puñetazo sobre la mesa y echar un órdago a la chica, o cerrar con blancas en una partida de dominó.

Alcaldes de los cuatro grandes: Debéis forzar la búsqueda de otras soluciones más justas, diciendo que aquí, o jugamos todos, o no juega nadie. No se trata de un ejercicio de solidaridad, sino de un producto de la legalidad. Pues no sólo representáis al núcleo principal, sino a todas las poblaciones que integran el Municipio.

Ciudadano: Entérate y exige tus derechos.

En este comentario de "se dice" no todo son críticas negativas. También se aportan interrogantes que pueden resultar constructivos: ¿Por qué no se aprovechan, o se amplían, las instalaciones del emisor de Coculina para emitir desde allí a todos, sin excepción? ¿Por qué, si no, no se busca un lugar para instalar un gran emisor apto para todas las poblaciones? Ya existen antecedentes: En la Bureba están acondicionando en el paraje de "Los Tablones" un nuevo emisor para distribuir ondas a cuarenta localidades de la comarca burebana. ¿Por qué aquí somos diferentes?.

Retevisión, Diputación, Srs. Alcaldes, háganse ustedes estas últimas preguntas.

Finalmente, pido perdón por si en mi afán de ser la voz de los débiles hubiera metido la pata.



177- RICOS Y POBRES

(Publicado en Diario de Burgos, fecha aproximada: enero de 1997).

Con frecuencia dividimos a las naciones en países ricos y países pobres. Con el diccionario en la mano la división aludida es totalmente correcta. Porque, hablando de pobres y ricos, nuestro primer pensamiento suele ir destinado a la marcha de la economía. De todas formas, habría de hacerse una pequeña matización para dar validez completa a esa apreciación de la división de naciones según su riqueza: Sería mucho más adecuado hablar de países desarrollados y países subdesarrollados. En numerosos pueblos, aun estando en subdesarrollo, existe un principio a partir del cual se podría desarrollar una gran riqueza.

En justicia, seríamos nosotros (países ricos), quienes debiéramos ayudarles a sentar esa base de desarrollo a los necesitados. Sin embargo, en honor a la verdad y por desgracia, salvo personas altruistas, apenas movemos un dedo por darles un impulso para salir del subdesarrollo. No nos interesa ayudar: Preferimos seguir comprando sus materias primas a precios de ganga. Preferimos continuar haciéndoles prestamos a intereses de usura. Preferimos engrosar las cifras de nuestra economía a costa de venderles nuestra producción de armas. Preferimos mangonear su política según nuestros intereses bajo amenazas de cortar nuestra exigua ayuda. Preferimos darles una moneda que nos sobra para tranquilizar nuestra conciencia de ricos hablando de solidaridad a boca llena. Estoy por el 0,7 por ciento y lo que haga falta, sin olvidar por ello la solidaridad de cada uno.

No obstante y dicho lo dicho, en mis alusiones a la riqueza y a la pobreza, hoy no me refería a capacidades económicas desarrolladas o de por desarrollar. Hablo fuera de un marco económico. Cada uno ve la vida de una manera. ¿Serán las circunstancias quienes nos han impulsado a buscar esa visión? Yo opino que el ser humano vale cuanto valgan sus sentimientos. Ya sé, ya sé, no estoy a la moda, eso ya no se lleva. Hoy se lleva el "tanto tienes, tanto vales". Si estuviésemos en tiempos de la Inquisición, me condenarían a la hoguera por expresar en público estas ideas. Como no lo estamos, me llamarán tonto, ñoño, carroza, y loco utópico. Tampoco es tan grave cuanto he dicho. San Pablo afirma: "Si no tengo amor, no soy nada". Pero en estos tiempos de aconfesionalismo, citar a San Pablo tampoco se lleva. Bueno, no importa la fuente, también tengo reservas laicas. La última vez que oí lo mismo en versión no religiosa, fue en televisión: "El tesoro de una persona está en su propio corazón". (Serie televisiva "La Dra. Quin").

Según estas reflexiones, la buena economía sería un aspecto positivo y deseable (además para todos, sin excepción), pero el tener, o no tener, es un factor exterior al hombre. En contraste con esta superficialidad económica, los sentimientos sí forman parte de la misma persona. Y ahí está la apreciación a donde quería yo llegar: Me temo que en ese aspecto en los países desarrollados decrecemos en sentimientos en la misma medida que crecemos en economía. A no ser que... se llamen sentimientos positivos al afán de dinero sin ética, al poder por ser más, al sexo sin amor, a la droga destructiva utilizada como negocio en perjuicio de quienes la buscan como necesidad de evasión, y al disfrute a costa de quien haga falta, etc.

Visto así... desde ese modo de ver, ellos (los del llamado Tercer Mundo), serían más ricos que nosotros. Aunque me temo que ese punto, en general, en los países desarrollados no lo admitiremos. Quienes adoptemos esta posición y nos atrevamos a expresarla en público (aunque seamos bastantes), corremos el riesgo de ser tildados de locos.

¡Ah!, más o menos, lo mismo dicho aquí lo daba a entender en una de sus postales uno de los hermanos maristas recientemente asesinados en Zaire: "Este mundo no es el mío, hay demasiada abundancia y allí demasiada necesidad, PERO EL HOMBRE ALLÍ ES MÁS HOMBRE". (Hermano Miguel Ángel Isla, marista asesinado en Zaire en 1996). En el plano general y sin bajar a las individualidades, estoy totalmente de acuerdo.



178- OLA DE ROBOS

(Publicado en la revista Regañón en el número de enero de 1996).

A diferencia de las grandes ciudades, aquí, lejos del mundanal ruido, en materia de seguridad ciudadana vivimos en un oasis de paz. Somos personas de bien. ¿Y quién va a venir a robar a los pobres? Aún así, alguna noche los cacos aprovechan la oscuridad y el descanso de los ciudadanos para llevarse de nuestros pueblos cuatro gallinas, cuatro conejos, o las herramientas mecánicas de cualquier agricultor. Total niñerías sin disculpa. Una pena: Ha de reconocerse que, por los destrozos causados, vale más la manteca que el niño. Hay quien es pobre hasta robando. Según mi suposición, a estas personas no les importa ni siquiera un pito las maldiciones. Ahí también es inferior el importe de lo robado a los improperios cosechados. Son cosas típicas del enfado en caliente: Sin duda, el dañado se acuerda del padre, de la madre y del ay, ay, ay, de los ladrones. Escrito el párrafo anterior, resulta anacrónico el titular. ¿Vivimos o no vivimos en un oasis de paz? ¿En qué quedamos? Bueno, debí añadir el adjetivo "sacrílegos". Nuestras iglesias y ermitas son visitadas, y no para rezar, por los amigos de lo ajeno. Buscan obras de arte valoradas por su antigüedad. Y si a cualquiera de nosotros se nos saldría el corazón del pecho en el intento del robo de una gallina, ¿qué me dicen ustedes de arrancar una puerta de un sagrario? Para eso hace falta la sangre fría del más acá y una dosis enorme de desprecio a las creencias y a las dudas de cualquier ser humano respecto al más allá.

Hablando de robos, más de uno me saldría con lo de la pérdida de valores en la sociedad. Y tendría razón. Hemos elevado el dinero a la categoría de dios, y hay quien por conseguirlo vendería a su propia madre si hiciera falta. No obstante, todos los robos no son iguales. Cada uno, según su clase, tiene unas connotaciones distintas. No metamos en el mismo saco al robo de mil duros por el procedimiento del tirón a un ama de casa camino de la compra, que un "pelotazo" de mil millones. El ejecutor del primero será un pobre hombre despreciado por la sociedad que, acuciado por "el mono", gastará su botín en comprar droga para matarse poco a poco. El segundo, será efectuado por algún listillo, venerado por la sociedad, que se apoltronará en su butaca con una copa de wisky mientras lanza bocanadas de humo de satisfacción de su habano.

Desde luego, el ladrón sacrílego, aparte de no importarle un pito ni el más acá ni el más allá, no es ningún ingenuo drogadicto. Hurtos sacrílegos, en mayor o menor medida, siempre ha habido. Sin embargo, además de la citada pérdida de valores hay varias circunstancias a tener en cuenta para hacer un análisis del porqué de la proliferación de esta clase de robos: Una es la despoblación del mundo rural. A causa de este despoblamiento y de una media de edad avanzada de los habitantes, el ladrón corre un mínimo riesgo en sus fechorías (prácticamente ninguno). Otra es el nulo control de la Administración al comercio de las obras de arte procedentes del robo de las iglesias. Se compran y se venden tallas robadas como si fueran cromos de colección. No existe una mínima presión policial sobre los anticuarios dedicados a ese contrabando. Y por último, cuando el autor es apresado con las manos en la masa, sale de inmediato en libertad provisional, y cuando tiene lugar el juicio ha de enfrentarse a penas tan ínfimas que ni siquiera le disuaden de volver a las andadas al día siguiente.

El 24 de agosto de 1992 robaron en la ermita Nuestra Señora del Torreón de Padilla de Abajo. La valiosa imagen de la Virgen, una talla románica del siglo XII, fue el objeto del robo.

El 15 de agosto de 1995 los padillanos inauguraron una nueva Virgen para la ermita Nuestra Señora del Torreón.

El 10 de agosto de 1995 saquearon la ermita "Virgen del Castillo" en Las Hormazas. Los ladrones se llevaron los retablos y una imagen de Santa Teresa de 200 años de antigüedad.

También en el mes de agosto de 1995 robaron en la iglesia de S. Miguel de los Valcárceres. Los objetos robados fueron una talla en madera policromada de la Virgen del Rosario y otras dos, del mismo material: S. Juan, del siglo XVII y S. Francisco, del siglo XVIII.

El 24 de septiembre de 1995 aparecieron en la cuneta de un camino de concentración de Huérmeces las tres imágenes robadas de la iglesia de S. Miguel de los Valcárceres. Posiblemente, el material robado fue abandonado allí por los ladrones por no ser del agrado de los anticuarios compradores.

La madrugada del 15 de agosto de 1995 robaron en la iglesia del Carmen de Villasandino. Los ladrones se apoderaron de unas imágenes de Santa María Magdalena (siglo XIV) y de S. Roque (siglo XVII). Y también substrajeron un relieve de la Flagelación de Cristo en la columna (siglo XVII).

Estas piezas pertenecientes a la iglesia de Villasandino, fueron halladas por agentes del Cuerpo Nacional de Policía en Madrid y Barcelona a primeros de octubre de 1995.

En esta clase de robos, aparte del poco o mucho valor material, los ladrones, junto al valor espiritual, se llevan el sentimiento de los fieles y parte de sus personas en forma del legado de sus mayores.

Estos hechos, quiérase o no se quiera, son así, y cualquier objeto religioso de moderado valor, seguirá estando en el punto de mira de los ladrones. La tendencia hacia esta clase de latrocinio sólo cesará cuando nuestro patrimonio religioso quede completamente esquilmado. Cuando las modernas técnicas permiten una falsificación bastante lograda, a mí se me ocurre crear un museo provincial o comarcal para guardar estos objetos de valor y exponer al culto falsificaciones. ¿Porque, a usted señora, qué más le da rezar ante una virgen románica del siglo XIII, que ante una de yeso de antesdeayer, si sólo descubriría la diferencia si la pincha con la horquilla de sujetar su pelo? ¿Porque, a usted señor, que más le da oír Misa ante el retablo del siglo XV que ante una falsificación exacta de escayola si sólo hallaría diferencia si se vuelve iconoclasta y no deja imagen con cabeza?.

Dicho lo dicho, puntualizaré: Aunque en el tal museo provincial habrían de falsificarnos el original, no se trataría de que nos dieran gato por liebre. Tampoco se trataría de que incauten nuestras imágenes y monumentos, sino de que nos los guarden. Por ejemplo, sobre unos estatutos claros, se podría escribir y firmar unas reglas exigentes por las cuales la parroquia jamás perdería la propiedad de lo cedido en custodia al museo. Se podría exigir al museo la instalación de unos carteles dónde, de cara a los visitantes, junto a cada obra de arte figurara el propietario. Más o menos, así: "Esta imagen de Santa Teresa, del siglo XV, es propiedad de los fieles de la Parroquia de Villa...". Otra exigencia, por ejemplo, podría ser la autorización del traslado a la Parroquia origen el día de la fiesta del Santo Patrón, o una vez al año. Del modo definido, al no suponer ninguna pérdida, los mal pensados, siempre hay alguno, no podrían comparar al museo con los ladrones.



179- MACROFIESTAS

30 de noviembre de 1994.

Sr. Roberto Villarreal:

Voy a realizar un comentario a su columna periodística aparecida en Diario de Burgos esta misma mañana del último día del mes de noviembre. Está incluida en la sección "Plaza Mayor" bajo el título "Macrofiestas":

No busco enmendarle la plana. Pretendo solamente dar mi opinión particular y sin ánimo de discutir al respecto al tema que usted ha utilizado como base para su columna. En su texto, trata de los desmanes cometidos, con destrozos incluidos en los autobuses públicos, por estudiantes universitarios, bebidos, al final de una de sus fiestas.

En un análisis de su artículo se pueden distinguir varias partes bien diferenciadas. En una primera porción de su escrito arremete con toda la razón del mundo contra unos "niñatos" (así les califica usted) que necesitan de la euforia del alcohol y de efectuar destrozos en las cosas de todos los ciudadanos para demostrar su hombría ante los compañeros y ante sí mismos. Está muy acertado en sus palabras. Las suscribo. Sin embargo, en esta primera parte, a mi juicio, comete un error. La frase del desacuerdo la toma usted prestada de un dicho gracioso, pero totalmente fuera de lugar en esta historia: "... los actos de unos estúpidos que no saben mear, primer requisito que exigen en mi pueblo para poder beber". La juventud no bebe por beber. La sed es lo de menos. Los jóvenes intentan a través de la bebida "colocarse" y animarse un poco para divertirse. El alcohol en este caso no tendría ningún sentido si se supiera mear y por tanto, no produjera efecto. Y, como final, sin exculparles, habría de repartirse las culpas entre estos gamberros y una sociedad que no sabemos trasmitirlos una forma más sana de divertirse.

En una segunda parte de su escrito, vierte sus críticas a unas señoras (sin identificar) "escandalizadas por la degeneración juvenil". "Basta, añade, de recrearse en el mito de un pasado de color rosa, donde todo era estupendo y los jóvenes empleaban su tiempo en virginales picnis en la campiña. Eso no se lo cree nadie". Tras un punto y aparte sigue diciendo: "Desde que el hombre es hombre le ha gustado beber y bailar...". Efectivamente, tiene usted razón. Beber no es nuevo. Nuestros abuelos amenizaban sus juergas con vino tinto. Hoy los jóvenes utilizan la cerveza. Y hasta un servidor, que no es bebedor, en absoluto, se sintió indispuesto tras una merienda de amigos por abusar del clarete.

Sin embargo, hay una tercera parte, al haber recurrido a la comparación entre tiempos, que sospechosamente se calla. Estos chicos concretos de esta historia son unos gamberros, o se han comportado como tal. De acuerdo. Los tiempos pasados tampoco fueron perfectos. También estoy de acuerdo. Siempre se ha bebido y bailado. Y no dejo de estar de acuerdo con usted. Pero, si comparamos los tiempos, algo está pasando con la juventud. ¿Qué ocurre? Una cosa es crearse por un día un ambiente alegre y distinto, y otra cosa bien diferente es crearlo todos los días o cada fin de semana. No se haga el despistado Sr. Villarreal. Las verdades a medias, dejan de ser verdades. Y usted las dice a medias. "Mentiroso no es sólo aquel que dice mentiras, es también quien esconde la verdad". (Nere). El fenómeno de la utilización de alcohol de una forma alarmante por parte de la juventud existe. No sólo lo digo yo, ni las señoras a quienes usted alude en su escrito, lo admiten todos, hasta los estudiosos del tema, los sociólogos. La misma televisión habla de ello como de un tema preocupante. Las autoridades, se dice en todos los medios de comunicación, están preocupadas por el abuso del alcohol en la juventud.

Sin descalificar a la juventud en general, la degeneración juvenil, al menos en una parte de los jóvenes, existe. No es ningún cuento. Pero vamos por partes. No soy de quienes se disculpa culpando a la juventud de sus problemas. El joven puede ser el menos culpable de su conducta. Habríamos de responsabilizarnos de nuestros errores de adultos cuando les trasmitimos de ejemplo un mundo egoísta, sin valores de ninguna clase y sin futuro para ellos, donde sólo sacarán de él cuanto se diviertan. Divertirse y relacionarse, ayer y hoy, es necesario, pero hay formas mejores y peores.

Cuando inicié la presente carta no tenía ninguna intención de enviarla. Mi escribir, sólo era un pasatiempo en mi vacía vida. Mi propósito era añadirla a la colección de otras cartas del mismo estilo que nunca han salido de mi ordenador. Espero no haberle molestado con mi pasatiempo. Por si acaso le he causado molestias, pido disculpas al aire (ya que a usted no le llegará esta carta).



180- EL PRÓFUGO Y EL BURRO

(Publicado en Diario de Burgos el 4 de marzo de 1995).

Por fin, ayer, tras casi un año en paradero desconocido, se apresó al Sr. Roldán. Por cierto, el hecho ha aguado las letras de algunas canciones del carnaval. Las comparsas tendrán que cambiar a marchas forzadas algunas de sus chirigotas. Ha sido la escapada más larga de la vuelta ciclista a España-1994. Han sido 300 días escapado. Todo un récord. Nadie sabe a ciencia cierta si la causa de la proeza está en el tesón y esfuerzo del escapado, o en el desinterés del pelotón (político-policial) por capturarlo. En fin, nunca es tarde si la "bicha" (no hay error de transcripción, es con b) es buena.

A estas alturas, ya se sabe que el Sr. Roldán era un delincuente. ¿O se debe de decir presunto? No lo sé. En cambio, también se sabe que el huido no se tiraba faroles cuando amenazaba con tirar de la manta. Algunos compañeros ya están en la cárcel por estas fechas. Aunque sus declaraciones podrían haberlos llevado antes. No hay sentencias judiciales para afirmar nada. Pero, todo apunta a que delito "haberlo, haylo". Lo de presuntos está muy bien, pero en nuestro interior podemos tener una opinión formada.

Ahora la duda está en saber si al Sr. Roldán le queda más manta para tirar y si sigue interesado en tirar de ella. O por el contrario, ¿ha habido negociación para la entrega y se ha buscado las mejores condiciones para el interesado y para los posibles delatados? Ya veremos, ya veremos. Sería sospechoso que este Sr. ya no quisiera tirar de la manta como antes. De todas formas, ¿se imaginan ustedes a Roldán convocando a TVE para hacer declaraciones ante las cámaras como en el caso de San Cristóbal? ¿Pondría TVE las mismas (nulas) pegas que puso con el anterior? ¿Sería considerada esa entrevista un tema de interés general?.

Ante esta búsqueda y captura, un mes más larga que la gestación en un parto humano, los políticos nos han llenado de declaraciones. ¿Hay personas de palabra? Sin duda alguna. Sin embargo, en política, a mi juicio, la palabra vale muy poco. Por eso, en este caso, las palabras son más o menos creíbles, pero no en función de quién las diga. Ahora, he recordado las palabras de un alto cargo. Este gobernante, en su momento, ante las amenazas de Roldán, decía lo siguiente:

- No hay que hacerle caso, no tiene ninguna credibilidad, porque es un prófugo.

Tras escuchar aquellas declaraciones, yo pensé en una anécdota. Y ahora paso a relatarla:

Hace años, salió la moda de las explotaciones de ganado vacuno lechero en estabulación libre. Un agente de Extensión Agraria intentaba convencernos de las ventajas que nos supondría un cambio de instalaciones al nuevo método. Rentabilidad aparte, no nos cabía en la cabeza cómo una vaca podía estar mejor a temperatura ambiente (puede llegar a varios grados bajo cero) que a los 20 o 30 de nuestros establos. A lo cual, respondía que era la vaca quien debiera elegir, no nosotros. Y desde luego ellas preferían un ambiente más sano. Para constatarlo, nos llevó a ver algunas explotaciones en este régimen. Y para apoyar su tesis de que era necesario hacer caso a los animales, nos contaba lo siguiente:

"En determinada población rural, un Sr., cogió la costumbre de pedirle prestado el burro a su vecino para ir a trabajar a la viña. Día tras día volvía a molestarlo con la misma petición. Cansado de esa rutina, el propietario del animal se dijo: Mañana cuando vuelva este pedigüeño, le digo que no. De mañana no pasa. Así fue. Volvió el demandante, y le contestó:

- Hoy no está el burro. Se lo ha llevado mi hermano al campo al amanecer.

Acabada la frase, el burro se puso a rebuznar en el establo.

- ¿Cómo que no está el burro? Si le estoy oyendo! -preguntó el peticionario.

- Oye, ¿tú a quién haces más caso, al burro, o a mí? -replicó el propietario".

- Efectivamente -concluía el agente de Extensión Agraria-, los animales también tienen razón.

Yo, cuando oí las declaraciones aludidas anteriormente por parte del político citado, me pregunté: ¿Será el de prófugo un grado menor al de burro? La verdad es la verdad, venga de donde venga. La verdad puede venir de un político, de un prófugo, de un recluso, de un condenado, y hasta de un burro.

Llegados donde estamos, ¡que alguien tire de la manta! Por lo menos, veremos el color de la ropa interior de algunos. ¿O esa manta sólo sirve para amenazar?.



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