
Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.
Sumario: 116- Ludopatía. 117- La flor del saúco. 118- El día de la madre. 119- "La Magdalena".
120- In memoriam.
Nuestra sociedad camina despiadadamente hacia el todo vale por dinero. El becerro de oro es hoy en día nuestro ídolo. La última frase está dicha sin matizaciones religiosas y puede entenderse perfectamente desde el aconfesionalismo. Tampoco esta actitud negativa puede sorprendernos desde una visión comprensiva del individuo en sí. Al fin y al cabo, uno, que es humano, comprende las debilidades humanas. Sin embargo, uno ya no comprende bien que desde la Administración se potencie esta nefasta tendencia del todo vale por la pasta. Los hijos pueden ser más o menos corruptos, pero difícilmente corrompen a los padres. En cambio, los padres sí corrompen a los hijos. Y, desgraciadamente, es así de sencillo: todo cuanto genere un duro para las arcas públicas, vía impuestos, será un filón a explotar caiga quien caiga.
El martes 29 de octubre (página 10), nos ofrecía este periódico un artículo titulado "La vida en juego". En él, a través de la Asociación Aburridos del Juego, se nos decían que la Federación de Jugadores de Azar en Rehabilitación celebraba el Día SIN Juego de Azar y nos ofrecían datos contundentes sobre la ludopatía y sus consecuencias: "Este problema afecta a un dos por ciento de la población española". Es de suponer que el porcentaje es mucho más amplio, porque los problemas del enfermo de ludopatía arrastran al sufrimiento a toda su familia.
En el año 1763 al Rey Carlos III
(el que "se quito el sombrero / en
la puerta de Alcalá. / Mírala,
mírala, mírala") se le ocurrió
copiar la loto italiana para
reponer las mermadas arcas del
Tesoro. Tal iniciativa fue un éxito
económico rotundo. Desde
entonces, la lotería parece la
gallina de los huevos de oro para
el Estado. Animados por los
rendimientos económicos, todos
los "tesoreros" acuden a la
gallinita cada vez que hace falta
dinero en el Erario. Ya han
creado tantas loterías que no hay
quien las lleve de cuenta. Ya no es sólo la positiva (por la bella costumbre de repartir la ilusión
con familiares y amigos) de Navidad, es que no hay día de la semana sin su lotería. Incluso hay
varios días con dos sorteos o más.
Por si fuera poco, las tragaperras y los casinos suponen un suculento plato de impuestos para el Tesoro. Hay tantas licencias que ya no se sabe si hay demasiadas tragaperras o ésta es la era de las tragaperras. Algo tendría que decir el Estado, digo yo, en esta enfermedad de la ludopatía. Él es el gran beneficiado y, por tanto, debiera sentirse responsable. Pero no, nada más lejos, cualquier día comunican la institución de otra lotería nueva, o autorizan miles de licencias de tragaperras a quien ponga sobre la mesa la pasta estipulada, o conceden la apertura de un casino por cierta cantidad, impuestos aparte.
Habrá quien piense que con lo dicho estoy intentando restringir la libertad. Se equivoca. Nada más lejos. Siempre ha existido el benefactor carácter lúdico del hombre. También la ilusión y los sueños son necesarios para vivir. Pero no nos engañemos, no es lo mismo jugarse unas cervezas al mus con los amigos, o comprar unas participaciones por Navidad y soñar con el gordo, que jugarse en el bingo el pan de los hijos. Pues lo malo de esta clase de juegos de azar no es el juego en sí, sino la adicción que puede crear. Según decimos todos, los perdedores llevan mala suerte y, paradójicamente, al resultar enganchados, existe la mala suerte de los ganadores, así lo denominan los ex-jugadores de la Asociación Aburridos del Juego.
Algunas cosas podrían hacerse sin llegar a la negativa prohibición. Por ejemplo, ser más prudentes a la hora de instaurar loterías y ser más moderados autorizando la colocación de tragaperras o la apertura de casinos. Por ejemplo, eliminando el juego de la publicidad. Resulta sorprendente ver como TV1 ofrece a bombo y platillo como reclamo publicitario los sorteos de la lotería primitiva: sólo les falta decir: "si usted no juega a la lotería es un bicho raro". Por ejemplo, eliminando los reintegros (un enganche solapado), una forma de decir: "siga jugando, a ver si mañana le sonríe la fortuna, le ha tocado el recambio de su viejo billete por uno nuevo". Por ejemplo, poniendo un texto a modo de las cajetillas de tabaco, en los boletos y formularios de lotería, máquinas tragaperras y entradas de los casinos: "El juego puede crear adición y perjudicar seriamente su salud, y con ello, puede causar un perjuicio grave a su familia".
Por el Día SIN Juego de Azar (29/9/96): "Rompe tu jugada antes de que el juego te rompa a ti...".
No hace mucho tiempo leí en el periódico provincial dos frases de un periodista. En la primera, decía, más o menos, que según la estadística en nuestra geografía de la provincia de Burgos desaparecía un pueblo cada 21 meses. Y añadía en la segunda declaración que por esta desaparición no ha visto a ningún político caérsele la cara de vergüenza.
En tal línea de desaparición, este mes de agosto pasado le ha tocado el turno de quedarse sin residentes a Arconada de Bureba. Desconozco este pueblo, pero su apellido indicando la comarca de pertenencia es inconfundible y me permite conocer la situación aproximada del "difunto" (entrecomillado).
Algo se muere en el alma.
Desaparece una población
de la geografía del medio
rural. Y con ella se pierde
una cultura de gente de
cruces a cuestas y tesoros
en la mente. Y no es sólo
que desaparece una, es que
las demás poblaciones de
esta lastimosa geografía
olvidada están amenazadas
de muerte. Se caerán los
viejos caserones, los
corrales y las tenadas, las
cuadras y los pajares, y ya
no habrá pueblos. Quedará
un espacio abierto para que
distinguidos señoritos construyan una segunda residencia para abrirla en tiempos de verano. Y,
por supuesto, para que aprovechen los tiempos de caza y, escopeta en mano, recorran los campos
desiertos, sin trigales y sin ovejas paciendo, en busca de perdices y de liebres. Pero no lo sé:
Dudo que en un mañana hasta estos animales susceptibles de ser cazados, en solidaridad con sus
antiguos vecinos, se nieguen a jugar esa partida tan fea. Y todo esto sucederá por el olvido de
quienes pueden remediar esta pérdida y no quieren. Ni un sólo remedio. El olvido es el agravio
más grande que existe. "¿Qué pasará cuando en este podrido mundo no quede nadie que sepa
para qué sirve la flor del saúco?", (de la novela "El disputado voto del Sr. Cayo" de Miguel
Delibes). ¡Ah!, la flor del saúco sirve para curar los resfriados.
En cuanto a su segunda frase, Sr. Salgado (ese es el apellido del periodista antes citado), yo iré más lejos que usted: Me apunto ese atrevimiento porque no tengo nada que perder. Esa es mi pobre ventaja en este mundo. Alguna vez habría de tener algo, aunque signifique no tener nada. Por ello puedo soltar la lengua: Es imposible que se les caiga la cara de vergüenza, porque no la tienen. Y no digo cara, cara sí tienen, y mucha cara además, demasiada, una cara dura, muy dura. Lo que les falta es vergüenza. Eso, no tenerla, se ha convertido en el único requisito imprescindible para ser político. Insisto, no tienen vergüenza, pues si la tuvieran se habrían escondido ya. Porque, hay datos que claman al cielo:
En esta noble provincia burgalesa en la actualidad, porque se fueron y se van sus moradores por imperativos de trabajo y a quienes quedaron se los va llevando el camposanto por final natural de su vida, hay 41 núcleos rurales despoblados y otros 106 con cuatro o menos habitantes. De los 1259 municipios restantes, hoy, "gracias" a malas políticas, 999 núcleos rurales no superan el centenar de residentes, 221 están por encima de los 100, pero no superan los 500, y sólo 39 municipios superan el medio millar de habitantes. De pena. El éxodo de la población rural en la provincia de Burgos entre 1960 y 1991 asciende a 128.448 personas. En los últimos 30 años, han desaparecido, o han sido absorbidos por otros, 120 núcleos rurales. En el mismo período de tiempo, solo 17 de los 371 municipios que actualmente posee esta provincia han aumentado el número de habitantes. Y, para comprender mejor el dato anterior, hay que advertir que casi todos lo han hecho a costa de agrupar o absorber a otros. Por ejemplo, este municipio donde yo vivo, Villadiego, ahora agrupa a 33 núcleos rurales que no hace más de tres décadas formaban cada uno un municipio distinto.
En el presente siglo, la población de la provincia, incluida Burgos capital, ha crecido un 4,5 por ciento. En el mismo período, la media nacional se ha incrementado en un 109,5 por ciento. La diferencia de cifras habla por sí sola. Claro, para ir de chirigota, a este ridículo 4,5 por ciento se le podrá añadir una décima cuando se ponga una macrocárcel en Cogollos. No, gracias. "¡Qué insolidarios son los burgaleses!", dirán ustedes. ¡Solidaridad sí, pero en todos los aspectos, no sólo en los negativos.
El grado de despoblación de la provincia de Burgos entra dentro de los niveles de desertización admitidos universalmente en 25 habitantes por kilómetro cuadrado. En esta provincia estamos en 24,9. Y no sé la cifra de media de población existente, pero si descontamos los 160.000 habitantes de Burgos capital, ¡no quiero ni hacer cuentas! Me han dicho que la media de esta comarca del noroeste burgalés (zona de Villadiego) está en torno a los 8 habitantes por kilómetro cuadrado. ¡Pobre de mí!: yo llamaba a esto desierto como una exageración. Y si añadimos a lo anterior, que más de la mitad de la población activa rural, es decir quienes están trabajando en la agricultura, supera la media de los 55 años de edad, ¡que Dios nos coja confesados!. Aún hay otro dato preocupante de la misma calaña del anterior: Solamente el cinco por ciento de los activos agrarios está por debajo de los 35 años de edad. ¿Qué futuro queda a esto?.
Acabo este comentario con una frase del ingenioso Baltasar Gracián: "No hay peor sordo que el que no quiere oír, pero aún hay otro peor: aquel que le entra por una oreja y por la otra se le va". Esos son los políticos.
P.D.: El 6 de febrero de 1955 el Ministerio de Justicia descartó la creación de una macrocárcel en Cogollos (Burgos).
(Publicado en la revista Regañón).
Dentro de algunos días, y antes de la salida del próximo número de la revista, el primer domingo del mes de mayo se celebrará el día de la madre. Hace algún tiempo, esta celebración se hacía coincidir con la fiesta de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre. Pero, comerciantes avispadillos, dándose cuenta de la existencia de demasiadas fechas a finales de año para gastarse el dinero en fiestas, regalos y gastos extras, lo cambiaron. Decidieron trasladar la conmemoración del día de la madre a otra fecha más apta para sus ventas y eligieron el primer domingo de mayo. Después de todo, más o menos por esos meses anda la celebración en el lugar donde nos reflejamos en materia de consumismo (Estados Unidos). Y en el cambio de fechas hemos salido perdiendo todos, incluidas las madres. Menos los vendedores, todos hemos salido perjudicados. Me explico:
Antes, el recuerdo a la madre en la fecha
dedicada a ella, era una aventura más genuina.
Lo realmente importante de este recuerdo, el
cariño por parte de los hijos, lo acompañábamos
con un regalo de tipo personal. El obsequio
llevaba un poco de nosotros mismos. En mis
tiempos de colegio confeccionábamos unas
postales para obsequiar a la madre en tal
festividad. Los dibujos que servían de postal,
según la capacidad artística del autor, a veces no
pasaban de ser un mamarracho particular. Las
palabras del interior, si no eran garabatos
indicadores de nuestra escasa destreza en la
escritura y con faltas de ortografía incluidas,
distaban mucho de tener ninguna calidad
literaria. Pero, ¡y qué!, si todo ese detalle
nuestro era totalmente íntimo. Salía en su
totalidad del corazón...
Hoy, el recuerdo a la madre en su día es distinto. Para eso está montado de esa manera el tinglado consumista. Es una fiesta con visiones comerciales donde nuestros sentimientos son un puro pretexto utilizado por los vendedores para su crecimiento económico. ¿El regalo sale del corazón como antes?. Evidentemente que sí. Pero, eso sí, tengo la seguridad de su paso por la cartera. Nos pasamos por unos grandes almacenes para comprar la correspondiente plancha, la tostadora, o la cafetera. Y el colmo del despiste, o de la intención de darse importancia, es dejarse la etiqueta del precio pegada al obsequio. ¡Como si el cariño se midiera en pesetas! Lo de menos es que la madre ya tenga tres, o cinco planchas. Y, ¡qué importa!, si el objetivo de incrementar las ventas comerciales ya está cumplido. Los comercios hacen su agosto, de eso no cabe duda. Pero, ¿de quién es el día, del comercio, o de la madre?.
La auténtica verdad es la contada. ¿Qué demonios tienen que ver los sentimientos con los mercados.?. En la realidad, es dificilísimo llevar la contraria a la marcha de los tiempos. Se ha de ser muy valiente, o ponerse el mundo por montera, para no dejarse manipular y ser una víctima más del consumismo. Porque, ¡claro!, si no te prestas a este juego comercial, regalas todo el cariño del mundo, aunque a secas. Y está muy bien, pero tiene sus peros. Porque, luego, vienen los demás hermanos con las planchas, tostadoras, cafeteras, etc., y ponen la mesa del salón que parece el mostrador de una tienda de electrodomésticos en horas punta. Y tú te quedas con cara de tonto. Hasta te pones colorado. Te sientes el pariente pobre de la familia.
A pesar de los complejos de
inferioridad creados por no querer
someterme a las reglas comerciales,
he decidido llevar la contraria en este
día todo quisque. No soy tacaño. No
es eso. Pero, en esa fecha, sigo con
mi lacónico: "felicidades". Y no es
poco cuando sale del alma. Ni
siquiera soy besucón. Hace más de 20 años que no beso a mi madre. Cada uno es cada uno y
tiene derecho a tener sus propias rarezas.
No he querido pasarme esta fecha tan entrañable sin hacer un homenaje desde mis líneas en "El Regañón" a todas las madres de esta comarca del Pisuerga. Mi intención es buena, al menos eso creo yo, pero llevar a cabo la idea tiene sus dificultades. ¿Qué puedo regalar a todas y a cada una de las madres de la comarca?. ¿Joyas?. Lo siento, no tengo a mi disposición "los fondos reservados del Estado". ¿Flores?. No, eso no. Pues, a rosa cada una, la floristería se iba a quedar sin cobrar por falta de fondos. Y uno es tonto, pero honrado. No tengo ninguna intención de irme al otro mundo dejando deudas. Los besos van más baratos que las rosas. Cierto. Pero, si mido el homenaje en relación con el precio, caería en el mismo error comercial antes criticado. Tampoco esta ocurrencia me parece adecuada. Después de haber reconocido que no soy besucón, no sería sincero repartiendo besos a diestro y siniestro. Y además esa práctica tiene su peligro, ¡vaya usted a saber las consecuencias de semejante osadía!, a lo mejor, por atrevido, me sale a torta por beso. ¡Con lo tímido que soy!.
Ya tengo la solución a mis buenas intenciones: Les haré dos obsequios. El primer regalo será una postal a la antigua usanza (casera). Las habilidades no son las de mi juventud. En cambio, si son mayores los conocimientos adquiridos. La letra de la postal se basa en una frase de Bertold Brecht. Este dicho del autor, en origen, nada tiene que ver con el asunto de la madre, pero yo por mi cuenta lo he adaptado para ese fin.
El segundo regalo consistirá en unos versos de
un poeta Portorriqueño llamado José Antonio
Dávila. Este autor no debió de ser muy
famoso, pues, a pesar de mis intentos, no hallo
su nombre en la enciclopedia. Pero, eso sí,
sabía muy bien lo que se decía. Y sus versos
vienen como anillo al dedo para el tipo de
madre de esta comarca del Pisuerga. Nuestras
madres tienen una abnegación especial. El
tiempo y las tradiciones las ha dejado
marcadas. Porque, madres, a pesar de vuestro
cansancio, seguiréis poniéndonos buena cara y
diciéndonos que aún no estáis cansadas. Como aclaración, les diré que el título del poema de
donde están extraídos los versos será importantísimo para entender las palabras de este trozo de
poesía. Se titula: "Carta al Señor Propietario del Universo".
Madres, hoy, cuando se habla de feminismo y trabajar fuera de casa, os menospreciarán porque en vuestro carnet de identidad pone: de profesión "sus labores". Madres, hoy, cuando todos se ajustan a un horario, nadie podrá comprender que hayáis trabajado las 24 horas, todos los días del año, en casa, en el campo, y donde hiciera falta. Madres, hoy, cuando se habla de aborto, os tendrán por poco espabiladas por haberos llenado de hijos. Madres, hoy, cuando lo importante es disfrutar, no estará bien visto que jamás hayáis tenido un mes de vacaciones. Madres, hoy, cuando se da culto al egoísmo, nadie entendería que os hayáis privado de un pedazo de pan en favor de vuestros retoños. Madres, hoy, cuando se lleva presumir, no acertarán a comprender que no hayáis tenido zapatos por llevar calzados a vuestros hijos. Madres, hoy, cuando es prácticamente delito hablar de sacrificios, nadie entenderá los vuestros en favor de la familia.
Madres, soy el primero en animaros a vivir, como también soy el primero en desearos toda la felicidad del mundo. Tenéis todo el derecho, y yo no os lo voy a negar. No se trata de eso. No obstante, si quieren corregiros por vuestra abnegación pasada, no hagáis caso. ¡Pobrecillos!, se creen que la vida solamente es tener y disfrutar. No ven más allá de sus narices. Parafraseando a Miguel Delibes en su novela "El disputado voto del Sr. Cayo": "...han venido a redimir al redentor". Vosotras sois todo un ejemplo amando. Y eso -digan, hoy, lo que digan- lo es todo. San Pablo afirma: "Si no tengo amor, no soy nada". San Juan de la Cruz dice: "Al final de la vida os examinarán del amor". La Doctora Quinn (serie de televisión) asegura: "El tesoro de cada hombre está en su propio corazón". Y, por si todo esto fuera poco, yo ,desde mi pequeñez, añado que el ser humano vale cuanto valgan sus sentimientos. Porque, así es. ¿Y ese disfrutar tan de moda hoy día...?. Hoy se dice: "¡Que me quiten lo bailao!". Mentira. El deleite sólo vale para el presente. Cuando el placer se mira desde la retrospectiva del recuerdo, sólo produce dolor. Así lo dice el poeta Jorge Manrique en unos versos: "¡Cuán presto se va el placer!./ Cómo, después de acordado/ da dolor...".
Madres, vosotras sois IMPRESCINDIBLES.
(Publicado en la revista "Regañón" en octubre de 1994).
La despoblación es uno de los males comunes de todos los pueblos de la zona. Cada mes de agosto los pueblos recobran nueva vida, pero es una actividad efímera, sólo dura treinta días: el mes de vacaciones. De los jóvenes veraneantes, apoyados por los residentes en el pueblo y con la colaboración del Ayuntamiento, partió la idea de restaurar la ermita de "La Magdalena" de Villanueva de Odra.
La historia de esta ermita data
de hace siglos. En el año 1659
ya figuraba como ermita de
Villanueva de Odra. En
realidad, anteriormente el lugar
era una población llamada
Grajalejos, o en versión más
antigua Grajaleio. El primer
dato escrito referente a la
existencia de Grajalejos data
del siglo XII. En el año 1182,
según consta en documentos, se
hizo en Grajalejos una revisión
de la división o amojonamiento
de los territorios de los
poblados de la comarca, debido
a algunos litigios entre ellos.
Es muy posible que al menos el pórtico de entrada a la ermita de "La Magdalena" formara parte de la iglesia del antiguo poblado de Grajalejos. En cuestión de estilos, el pórtico, de gran valor, es románico primitivo con el ajedrezado típico del camino de Santiago. También pudiera ser de la antigua iglesia de Grajalejos el ábside donde está ubicado el altar. Las otras partes de la ermita son de aparente construcción posterior. Se carece de datos referentes al origen de la imagen de "La Magdalena", aunque se puede afirmar sin temor a equivocarse que es una bella talla renacentista. Sobre este punto sólo queda un pequeño apunte: fue dorada en el año, antes citado, 1659, según los libros donde se anotaban las actividades parroquiales. Aún así, entra dentro de la lógica que ésta substituyera a otra imagen más antigua, tal vez deteriorada o cuyo valor no supo apreciarse frente a la policromía de moda por aquel entonces.
Durante algún tiempo, más de diez años, la imagen de "La Magdalena" fue guardada en la iglesia de Villanueva de Odra ante el deterioro de la ermita. La despoblación existente en el núcleo rural y la excesiva distancia desde el pueblo (más de tres kilómetros) le hicieron caer en el abandono. En el otoño de 1985, el Melgarense Paco Lucio la tomó como escenario para rodar bellos exteriores en la película "Teo, el pelirrojo". Por aquel tiempo, la ermita permanecía abandonada, vacía y con el tejado semiderruido.
El impulso de unos jóvenes puso en marcha la restauración de la ermita. En dos años se ha puesto el tejado nuevo, al completo, restaurado todo el interior y reparado la puerta siguiendo el modelo antiguo. Es agradable comprobar como aún existen los ideales comunes, lejos del protagonismo personal.
La antigua festividad de "La Magdalena" era el 2 de junio. Pero, de haberse seguido con la costumbre, apenas habría tenido visitantes en esa fecha por la escasa cantidad de habitantes de pueblo, de los cuales un alto porcentaje son personas mayores con dificultades para realizar el desplazamiento caminando en procesión hasta la ermita.
Por fin, tras los trabajos realizados y concluida la restauración, se sacó el pendón rojo, se tornearon las campanas y, a la antigua usanza, partió la procesión portando la imagen de la Santa.
Después de más de una década de abandono, el 14 de agosto de 1994 se celebró Misa solemne en la ermita. A partir de ahora, los hijos de Villanueva de Odra (muchos dispersos por toda la geografía de España) tendrán una cita todos los veranos en la ermita.
Es una pena que tras el mes de agosto los pueblos vuelvan a su largo letargo de once meses. ¡Que Santa Magdalena ruegue por nosotros!.
(Escrito para la sección "editorial" de la revista Regañón).
En este comercio de intereses donde la persona humana deja de ser el primer protagonista, hay guerras condenadas al olvido. Las ONGs advirtieron de cuanto podía suceder en Ruanda, Burundi, y Zaire. Pero en Zaire no hay petróleo como en Kuwait: Para parte de la sociedad sólo son huttus y tutsis enzarzados en luchas tribales. Así son las paradojas de nuestro mundo occidental: cuando los líos suceden entre nosotros los nominamos con el respetable calificativo de nacionalismos y cuando suceden allí, como luchas de tribus. ¡Como si en vez de personas, sólo fueran salvajes caníbales que... allá ellos! Lo de la no discriminación según el color de la piel y bla-bla-bla, en la práctica son puras teorías bonitas en los altos despachos.
Mientras suceden estas cosas, el mundo sigue funcionando gracias a personas solidarias y altruistas. Están donde los necesiten, dando la cara gratis, y hasta la vida si hiciera falta. Zaire saltó a las primeras páginas de los periódicos tras el asesinato de cuatro hermanos Maristas. Uno de ellos pertenecía a nuestra comarca, era un paisano nuestro: Servando Mayor García, de Hornillos del Camino. A través de esta página en Regañón queremos hacerle un homenaje póstumo.
Su muerte, aunque a todos nos duela y de una forma especial a su familia, seguro que ha tenido un sentido. Los caminos de la Providencia, dicen, son inescrutables. Tal vez Dios se haya servido de la muerte de Servando y de sus compañeros para decirnos al mundo que la tragedia del Zaire existe y son personas como nosotros de quienes no podemos desentendernos como si no pertenecieran a nuestro mismo género humano.
A nosotros, la gente corriente, aunque no dudemos de que Servando lo sea, la palabra "mártir" nos cae grande y nos asusta. Como mal menor, preferimos quedarnos con Sócrates: "Lo importante no es vivir o morir, sino vivir justamente para poder morir con dignidad". Pero él sí tenía otros ideales más altos que nosotros donde Dios era la única razón de su existencia y sí le cabe la palabra mártir.
Otilia García (madre de Servando) en Diario de Burgos (17/11/96) decía: "Mi mayor consuelo es que cuando mi hijo regresaba este verano al Zaire iba contento y alegre. Yo le decía: "¿Tú crees que puedes arreglar aquello?". Y él me respondía: "Madre, si es que cuando nos ven a nosotros es como si vieran a Dios y si no les ayudamos nosotros, nadie les ayudará"".
Ojalá la muerte de Servando sirva al menos para recordarnos que sí debemos ser solidarios y ayudar. Y además, nos recuerde y eche en cara las palabras de una postal de uno de sus compañeros maristas asesinado con él: "Este mundo no es el mío, hay demasiada abundancia y allí demasiada necesidad, pero el hombre allí es más hombre". (Hermano Miguel Ángel Isla).
Desde esta revista mostramos nuestra condolencia a la familia de Servando y animamos a seguir a los numerosos misioneros de nuestra comarca Odra-Pisuerga extendidos por el mundo. Gracias amigos por vuestra lucha desinteresada por un mundo mejor.