Negros nubarrones en el horizonte.



Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.

Sumario: 96- Carta abierta a Jorge Villalmanzo. 97- Carta a un amigo. 98- El privilegio de vivir junto a la mujer. 99- Drogas. 100- "La caridad bien entendida" & ¿0,7, ya!.



96- CARTA ABIERTA A JORGE VILLALMANZO

(Publicado en Diario de Burgos el 12 de septiembre de 1996).

Amigo Jorge Villalmanzo Santamaría:

Como discrepar, aunque sea con acidez, si se hace con respeto, no quita nada a la amistad, permíteme llamarte amigo.

He leído en Diario de Burgos 3/9/96 tu artículo titulado "Los motivos más verdes". ¿Qué quieres que te diga de él? ¡Te has pasado unos cuantos kilómetros! Has arremetido de forma brutal contra los agricultores por la quema de rastrojos como si con sus cerillas fueran los culpables de todos los males ecológicos del mundo. Fíjate: lo has calificado entre otras cosas de "la piromanía y sus asados", "el infierno asolando los cuatro costados de las tierras", "se podrá observar la obsesión y la malicia de los que arrasan todo lo que se encuentran en sus tierras y lo que las rodea", "terrorismo ecológico", "matando la vida de todo lo que se mueve, respira o pestañea". Me parece sumamente apocalíptico, ¿no? Por cierto, ¿dónde estaba tu pluma que no escribió nada en estas páginas cuando en el mes de julio eran arrasadas por el fuego miles de hectáreas en los alrededores de Burgos ciudad en medio de un panorama dantesco y de un ambiente irrespirable por el humo? ¿O entonces no había ningún agricultor a mano para echarle la culpa?.

Me gustaría serte más extenso para dar mejor explicación al tema, pero no debo abusar de la amabilidad de este periódico. Por tanto, te recomiendo la lectura de la carta «¿La culpa al gato?» publicada con mi firma en la sección "Cartas al Diario" el 8/10/95.

Amigo Jorge, no sé quién eres. "He vivido muchos años en un pueblo -dices- y sé de lo que hablo". Mira amigo, de lo segundo tengo mi derecho a creerme que tú no sabes de esta misa, la mitad (por favor léete la carta citada). Y si me he de creer lo primero, he de deducir que eres como un apóstata que reniega de sus raíces. ¿Estás resentido por algo? Eso parece. A mi juicio, resulta evidente tu resentimiento. Una cosa sería denunciar y otra, distinta, ensañarse. Se aprecia mala leche en tus palabras acompañadas, además, de acusaciones y un odio visceral a todo lo que huela a agricultor: "dulces labradores" (dices irónicamente). Entre otras, has dicho cosas como "algunos ararán los surcos... y arrojarán dos cerillas, una en el rastrojo y otra en las laderas", "cuando no utilizan la llama, corren a por el hacha o recurren a la sal, incluso matando el árbol que el vecino plantó", "que la pagaran (una hipotética campaña informativa) de su propio bolsillo, es lo único que respetan", "que les costara el gasoil como a todo el mundo", "que se mirara con lupa el descaro de sus declaraciones de renta, lo que les permite ser beneficiarios de becas en detrimento de otros que de verdad las necesitan", "sin hablar de las subvenciones para que las tierras permanezcan en barbecho", etc., etc.

Amigo Jorge, te propongo una apuesta. El 15 de Octubre pides mi dirección en Diario de Burgos y te pasas por aquí a ver los restos de ese infierno arrasador por ti descrito. Te juego una comida a que en mi pueblo no hay un 5 por ciento de rastrojos quemados, o un 1 por ciento de superficie de este término municipal donde se haya quemado algo más del tornillo de la paja, o un 1 por ciento de hectáreas quemadas sin los surcos de reglamento. No creo que pierda, a no ser que alguien se dedique a tirar colillas desde la carretera o algún pirómano me haga perder la apuesta. Porque, esa es otra historia: habría de distinguirse entre lo quemado con fines agrícolas y lo quemado al azar desde carreteras y vías de ferrocarril. Y pirómanos hay no sólo en el campo, sino en todos los sitios donde vendan cerillas, haya un material que arda y poco personal posible para observar al agresor, pregúntaselo a los bomberos.

Y mira Jorge, si vienes por aquí, ya que en tu artículo preguntas por el aceite de los tractores, como yo no tengo tractor ni tampoco coche, ya se lo preguntaríamos a algún vecino en que rinconcito lo tira. No querrás que se lo tome para desayunar envuelto con orujo para quitar el mal sabor. A continuación, iríamos a un lugar dónde te sonrojarías de vergüenza si de verdad sientes la ecología. Aquí podrías saber bien qué es eso del Medio Ambiente citado en tu artículo y de sus leyes hechas a la medida de castigar únicamente cuatro pequeñeces. A poco más de 4 kilómetros de mi casa hay 1.000 toneladas de lodos procedentes de la depuradora de Burgos. Y como en tu escrito hablas de perdices y de codornices, también te respondo: allí no las hay. Pero esas aves no se han ido por la quema de rastrojos, se han ido por el olor pestilente del vertedero.

Amigo Jorge, aquí, por si no lo has aprendido en el colegio, podrías aprender que el verbo contaminar se conjuga empezando por la primera persona: yo, tú, él, nosotros... No quieras empezar por el final: por ellos (los agricultores, los últimos de la fila). Y eso mismo has hecho en tu artículo. Como ves, ni siquiera desde la gramática has sido correcto. Eso de echar la culpa siempre al gato es muy fácil, muy viejo y no es de hombres buscar al más débil para cargarle las tintas de las culpas y ensañarse con él. Es completamente ilógico y me parecería una hipocresía, que reproches a un agricultor tirar 10 litros de aceite en un rinconcito y te callaras ante la tirada de 1.000 toneladas de mierda maloliente...

Y mira Jorge, si te vinieras por aquí y de verdad fueras ecologista, estoy seguro de que me ayudarías con la escritura de un artículo de denuncia. Juntos, podríamos denunciar la presencia del montón de mierda citado, la de otro vertedero de lodos 12 kilómetros al norte (para que no nos escapemos de "ambientarnos" cuando cambie el aire) y la amenaza de instalación de un cementerio nuclear 16 kilómetros al sur.



97- CARTA A UN AMIGO

(Publicado en Diario de Burgos el 24 de noviembre de 1996).

Estimado Jorge:

Después de habernos ofrecido mutuamente amistad, encuentro oportuno este saludo. Voy a responder a tu "Réplica a M.A.C", (29/9/96), a la "Carta abierta a J.V.", (12/9/96) en respuesta al artículo "Los motivos más verdes", (3/9/96). Vista tu moderación y retirada de algunos detalles, hoy seré menos ácido. Podría darme por satisfecho, pero te contestaré públicamente en honor, ante los lectores, a esos señores curtidos por el sol y el viento a quienes podemos aplicar los versos de Machado: "... gentes que danzan o juegan / cuando pueden, y laboran / sus cuatro palmos de tierra. / Donde hay vino, beben vino, / donde no hay vino, agua fresca. / Son buenas gentes que viven, / laboran, pasan y sueñan".

Amigo Jorge, sinvergüenzas existen en todas las partes y en todos los sectores sociales. El campo no es ninguna excepción ni se libra de tener en sus filas tipos poco respetuosos con el prójimo. Desgraciadamente, estamos caminando hacia el todo vale por dinero. El campo (tal vez por el envejecimiento de su población) se deja arrastrar, o coopera, pero no está precisamente en la vanguardia de esta tendencia de nuestra sociedad.

Cómo no, a los agricultores también se les puede criticar. Ojalá recibieran casi tantas críticas como el Gobierno. Recibir críticas significaría que son un sector de peso en lugar de estar sometidos al olvido. Pero una cosa es realizar una crítica moderada y otra, distinta, no dejar ni títere con cabeza. En tu artículo te dejaste llevar por el apasionamiento y te pasaste. Tu mismo te buscaste las réplicas. Y me extraña que las Organizaciones Sindicales Agrarias no hayan dicho nada.

Como te dije: "una cosa es denunciar y otra ensañarse". Aunque lo comprenda, yo soy bastante contrario a la práctica de la quema de rastrojos. Si por motivos agrícolas y ecológicos, tu artículo hubiera ido destinado a convencer de la no utilización de la cerilla para la eliminación de la paja, te habría aplaudido. Si, en uso de tus derechos, hubieras solicitado una legislación más estrecha con la quema de rastrojos, una mayor vigilancia y unas penas más severas para los infractores, lo habría comprendido. Pero no tienes derecho a decir lo que dijiste y como lo dijiste, porque supone una falta de respeto a un colectivo.

Mi original decía: "eres como un apóstata que reniega de sus raíces". Los duendes de la imprenta se comieron el "como". De todas formas, el añadido "reniega de sus raíces" detrás de la palabra "apóstata" deja fuera de lugar tu alusión al diccionario. Está muy claro: no me refería a cuestiones ideológicas, sino al ser, o haber vivido, en un pueblo.

Respecto a tu "pérdida de confianza en el ser humano", me parece que te sonrojas por muy poco. Cierto, un grano no hace granero pero ayuda al compañero. Aun así, deja de avergonzarte por nimiedades. Avergüénzate por las pruebas nucleares en el atolón de Mururoa, por la devastación de la Amazonia por nosotros: los importadores a precio de ganga, del deterioro de los países subdesarrollados en beneficio de los ricos, del uso de los CFCs causantes del agujero de la capa de ozono, de los vertidos marinos, de ese ingente vertedero venido abajo en La Coruña, de la polución de las ciudades (viste en este mismo periódico la fotografía de esa catedral semilavada), del montón de mierda maloliente citado en mi anterior carta (lodos), etc.

En el caso del aceite de los tractores me acusas de "pasadita". Tal vez. Nadie somos perfectos. En mi carta existe una palabra: "rinconcito". La has ignorado. Nadie tira el aceite donde le place, como dices. Todos los agricultores que conozco tienen un cubo para recoger el aceite y luego arrojarlo en un "rinconcito" donde no moleste a los demás. ¿Sería mejor colocar un contenedor en cada pueblo? Sería buena idea, pero por hoy eso no existe.

¿Lodos? Como tú, no tengo la suficiente información para hablar de este problema. En cambio, sí la tengo para hablarte de las concretas citadas 1.000 toneladas de mierda. Son lodos malolientes procedentes de la depuradora de Burgos arrojados sin más medida que arrojados: sin cubrir, sin tratamientos de ninguna clase, sin impermiabilizar a las aguas... ¿Esto se llama Medio Ambiente? No soy partidario de la quema de rastrojos, pero ante esto, hacerse de cruces porque un labrador, cumpliendo las normas legales, elimine con fuego la paja de su rastrojo, parece una broma. ¡No me hagas reír!.



98- EL PRIVILEGIO DE VIVIR JUNTO A LA MUJER

7 de septiembre de 1994.

Sr. José Caballero:

Un saludo.

Únicamente le conozco a usted por la lectura de las cartas (son varias y con distintos temas) publicadas bajo su nombre en el rotativo "Diario de Burgos". Soy suscritor de dicho periódico. Por ello, usted me tiene entre sus lectores. Yo también escribo allí, aunque con menos asiduidad que usted. De sus escritos le deduzco una edad avanzada, pues a menudo toca el tema de la vejez. Por tanto, aunque somos un poco colegas por lo de compartir página, en esta repuesta atípica, para mí mismo, le trataré con sumo respeto por nuestra supuesta diferencia de edad.

Hoy, miércoles, 7 de septiembre de 1994, el periódico citado anteriormente, en la sección "Cartas al Diario", publica un escrito con su firma. El texto aludido está impreso bajo el título de "El privilegio de vivir junto a la mujer". Por mi parte, voy a matar (se dice así, ¿no?) mi tiempo libre dando una contestación a sus palabras. Mejor dicho, voy a ampliar su texto más que a responderle: Pues coincido en las ideas con usted y a lo sumo, sin la más mínima intención de buscar polémica con mis apuntes, introduciré ligeros matices que complementarían su escrito

Aparentemente, yo no tengo ni autoridad, ni siguiera capacidad para opinar sobre el tema del matrimonio, pues soy soltero a los cuarenta, ¡y los que vengan! Sin embargo, para opinar sobre el tema plasmado en su escrito y tal y como usted lo enfoca, sólo es necesario ser un ser humano y como tal sentirse capaz de amar (sentimiento). A pesar de mis defectos, me considero uno más del género humano. Aunque la imperfección es un atributo humano, no podemos utilizarla para jactarnos, sí debemos tenerla presente para reconocer nuestras faltas, y también para luchar contra estos defectos, aun cuando los resultados parezcan insignificantes a primera vista.

He leído su carta, además varias veces y a fondo. Me extraña que un hombre de su sensibilidad (se palpa en ésta y en otras cartas anteriores publicadas por usted) no haya incluido en sus líneas la palabra amor. El amor a las distintas personas que nos rodean es nuestra razón de ser en la vida. Por ello, a la vista de esa carencia apuntada, en una primera impresión, puede parecer un escrito descafeinado. Sin embargo, aunque no explícita, sí se adivina en sus letras una alusión implícita al amor. En una lectura atenta de la carta se puede detectar que el autor de la misma está muy enamorado, pero, es una pena, no lo dice, y el lector ha de adivinarlo. Por tanto, su carta hablando del matrimonio me parece muy buena, pero, ¡que lástima! está incompleta, falta en ella una alusión al amor visible a los ojos de quien lee sin necesidad de adivinar. Aun así, le felicito por la sensibilidad de su escrito.

No dudo y tengo motivos para creerlo, que, como usted dice: "no hay en el mundo, ni trabajo, ni entretenimiento, ni ocupación alguna, comparable a la emoción y el gozo de vivir al lado de una mujer". En la línea de lo dicho en el párrafo anterior, una cosa añadiría a sus palabras, usted lo da por entendido, pero el lector no lo sabe, tiene que descubrirlo: "amada", detrás de mujer. Y después del añadido, cambiaría unas palabras: "ser amado", en el lugar de "mujer amada" (ellas, no se olvide usted, también cuentan), y esta frase suya, complementada con mi pequeño añadido, también sería válida para ellas.

No me parece del todo correcta su definición del matrimonio: "es una sociedad y no una fusión de identidades". Sociedad me parece un término demasiado ambiguo para definir al matrimonio. A mi juicio, el matrimonio es una comunidad de amor: más o menos una unión de personalidades, pero no en fase concluida (¡qué más quisiéramos!), sino intentando día a día corregir imperfecciones. Esto no quiere decir pensar igual ambos cónyuges, sino intentar lo que usted bien llama comprensión o tratar de comprender otro punto de vista: ponerse en el lugar de...

En cuanto a la comprensión, también se le olvida a usted, ¿le da miedo decirlo o qué?, nace del amor en sus múltiples facetas: amor, cariño, afecto... Digo varias facetas, porque no olvidemos que el amor es más amplio que hombre-mujer. El amor es condición indispensable, motor diría yo, para llevar a cabo la comprensión. Difícilmente usted podrá comprender a su mujer, a su hijo, o a su amigo, si le falta el motor: amor, cariño, afecto...

Por lo demás, estoy de acuerdo con su carta y la suscribo de forma integra. Perdone por el tono, un poco de consejero, con que he ampliado su carta, no me tome usted por cura. No lo soy. No he pretendido lanzarle un sermón, sino pasar la tarde conversando con usted de una manera un tanto extraña. Extraña, pues yo le he escuchado a usted, pero usted no ha podido oírme a mí. Por tanto, mi carta se quedará en un soliloquio en vez de ser un diálogo como hubiera sido lo ideal. Al menos, yo he leído su carta, pero usted no leerá la mía.

Sin más, esperando no haberle ofendido con mi atrevimiento a completar su carta, le saluda atentamente...



99- DROGAS

16 de febrero de 1995.

Sr. Juan Esteban:

No nos conocemos personalmente. Me llamo Miguel. No me crea un loco por hacer pa mi interior una análisis de uno de sus textos: Por circunstancias de la vida, dispongo de todo el tiempo libre del mundo. Y para matarlo, tengo la costumbre (¿mala o buena?) de dar contestación a artículos y cartas procedentes de periódicos y revistas. Son contestaciones que muy pocas veces salen de los archivos de mi ordenador. Hoy voy a dar respuesta a la carta titulada "Drogas" que con su firma publicaba "Diario de Burgos" el martes 14 de febrero de 1995.

Antes de comenzar mi comentario, permítame que haga de adivino respecto a su persona, edad y ocupación. Un juego. Me parece hablar con una persona entrada en edad de jubilación laboral y, además, muy culta y con una espiritualidad envidiable. ¿Será alguna persona que dedicó toda su vida a la enseñanza? Por cierto, yo soy de quienes fueron a esa escuela de los pueblos rurales. Hoy ese término ya no se usa. Todos dicen colegio. Me gusta más escuela. Tal vez exista una diferencia: Antes teníamos un único maestro para todos los temas y hoy existe un profesor para cada especialidad. Sea como fuere, tengo todos mis respetos para ese oficio de maestro de escuela rural, que, no sé muy bien por qué, le he atribuido a usted en mi juego de adivinanza.

En las contestaciones a otros autores, suelo hacer un comentario por puntos con varias citas. Hoy es más difícil, porque no coincidimos en ninguna de las ideas expresadas por usted en la primera parte de su carta. Aunque, no sé si son ideas propias, o se trata de un simple "se dice" extraído de conversaciones escuchadas por usted. Por el contrario, en la segunda parte estoy muy de acuerdo. A lo sumo, yo tendría distintas matizaciones. En cualquier caso, pretendo realizar un análisis de diálogo amistoso.

A mi juicio, la droga no es cosa exclusiva de la juventud. Se equivocaría si lo viera así. La droga es muy amplia. Droga, no son sólo la media docena de substancias modernas. Le recuerdo a usted que Noé, se dice en la Bíblia, se cogió una mona. Aun así, la droga es más que una substancia. Si se entiende como de algo (indefinido) de lo que se alcanza dependencia, se podrían añadir muchísimas cosas a la lista de las drogas. Casi todas negativas. Aunque, difícilmente se me iba admitir como droga cualquier cosa que no sea negativa. Por ejemplo, una medicina lo mismo puede resultar una droga si se medica uno mismo que un remedio beneficioso si se administra con control médico. En la serie de substancias, junto a las modernas, no ha de olvidarse el alcohol, el tabaco y los sedantes incontrolados. Fuera de substancias, tendríamos, el juego, el dinero, el poder, la pornografía, etc. Existen numerosos términos para nombrar a diferentes adicciones: ludopatía, cleptomanía, teleadicción, culto al becerro de oro, etc.

De todas formas, ciñéndonos a eso que entiende usted por droga, no me parece haya estado muy acertado en la primera parte de su escrito. Habla como si la droga fuera algo creado por la juventud y para la juventud. Le recuerdo una segunda acepción del diccionario sobre la palabra droga: "embuste, trampa". Así es: una trampa tendida a la juventud. Los jóvenes son víctimas. ¿Vicio? No son verdugos de sí mismos como he extraído, tal vez equivocadamente, de la primera parte de su texto. Aquí, con la palabra trampa he contestado a una pregunta muy interesante que usted se hace y nos traslada a los lectores: "¿Una persona tan inteligente puede dejarse arrastrar de un modo tan absurdo?". Si no arrastrase, no sería droga. Y esa pretendida diferencia que usted hace con la enfermedad, tal vez no exista. Yo, por desgracia, utilizo una silla de ruedas. Pueden existir matizaciones para realizar una diferenciación: Unos somos enfermos físicos y los otros mentales.

La droga está ahí. Acechando. No la crea la juventud, sino cuatro listillos aprovechados y sin escrúpulos de ninguna clase. La juventud, en su inexperiencia, está en el peligro de caer en esa trampa sinónimo de droga. ¿Por qué? Para hacer un relato más fluido no haré en mi escrito separación entre causas y remedios: En primer lugar, dice usted bien: "Se impone prevenir este azote". Y es cierto. Lo malo es que esté olvidado. Esa es la verdad. Se dice que los tabúes han muerto. ¡Que va!, han cambiado de sentido. Ahora, todo el mundo quiere hablar de sexo, pero nadie habla de droga. El más absoluto silencio se cierne sobre el tema. Usted debe de ser una excepción que confirma la regla. ¿Quién va a abrumar nuestras veladas televisivas rompiendo una lanza en favor de drogadictos y posibles drogodependientes? Me temo que esos tienen poco peso en las urnas.

También dice usted muy bien cuando a su frase sobre prevenir el azote, añade: "Y no levantando al caído, sino haciendo más bien que no caiga". Ya lo afirma el dicho: "Más vale prevenir que curar". Pero, no por ello, podemos olvidar que el caído, también es una persona humana.

En esta sociedad, parodiando mercados, se habla de ofertas y de demandas. En cuestiones de droga, también se podría mantener esta diferenciación para efectuar un análisis. Contra la oferta no se hace prácticamente nada. Los traficantes se mueven a su antojo. El poderoso dinero sirve para lavar el dinero. Ni siquiera a los narcotraficantes les controlan las cuentas ni los patrimonios, ni nada de nada. Se coge únicamente a pequeños camellos, como para dar la impresión de hacerse algo. Es un cachondeo. Y, de vez en cuando, a alguien se le ocurren las "brillantes" ideas: de legalizar la droga. Más valdría que no se les ocurriera nada. ¡Como si los problemas se resolvieran cerrando los ojos!.

En cuestiones de demanda, no se hace absolutamente nada a favor y bastante en contra. Lo cierto es que raramente se llega a la droga por vicio (aunque según su texto, a usted le cueste entenderlo). Más bien, se llega por una serie de carencias en la juventud. Es ahí donde la sociedad debiera responder de la parte de responsabilidad que le corresponde en la droga. Es decir: la droga no es un problema solamente de la juventud, sino de la sociedad entera. La trampa sigue ahí, y no sabemos dar a los jóvenes un impulso para que pasen de ella. Debiéramos mostrarles un horizonte limpio para que no caigan en la trampa. Y, por el contrario, les trasmitimos un mundo sin valores, donde van a sacar únicamente cuanto se lleven en su cuerpo. Es decir: culpables del fenómeno de la droga somos todos.

Efectivamente, usted da soluciones para que cada cual aporte su granito de arena en el arreglo del problema: "Aquí la labor de los colegios para convencer a los alumnos". Y, cumplirán su objetivo, pero no es suficiente. Y añade: "Aquí la Iglesia proponiendo a sus fieles ideales más altos que los rastreros que presenta la sociedad actual: placer, sexo, dinero". Ahí está la auténtica clave: en la sociedad, porque, se supone, que para unos la Iglesia cumple con el objetivo que usted le asigna, y para quienes no sean creyentes, ni fu ni fa: Así lo explica un dicho rastrero: "A Misa tocan, y va el que quiere". De poco sirven los consejos, si no se escuchan. Finalmente, apunta: "Pero como siempre, la familia es la educadora ideal e insustituible del joven". Muy cierto. La sociedad pagará caro el deterioro sufrido por la familia.

Yo sí soy creyente, pero no todos lo son. No pondría ningún reparo a su frase siguiente. Incluso, si alguien no creyera, la podría modelar y dar un enfoque distinto para decir lo mismo sin perder validez: "Dios estableció el cuarto Mandamiento como el mejor auxiliar para el bien de la juventud con tal que ésta se convenza de que sus padres conocen la vida mejor que ellos y que nadie como ellos busca su bien". Es un planteamiento perfecto. Pero, como siempre, teoría y práctica, no coinciden. No puede salir nada de mostrar el camino a la juventud con el dedo, mientras no se muestre con el ejemplo. De nada serviría predicar a la juventud el camino de la ética mientras vea que nosotros, los mayores, transcurrimos por el del materialismo a costa de lo que sea. Ese es el quid de la cuestión: ¿Servimos de ejemplo a la juventud?.

Usted finaliza el escrito con un: "Pero siempre hay remedio". Más vale tarde que nunca afirm

a un dicho. Yo no lo veo tan fácil. Se dice que rectificar es de sabios. Está muy claro que llevamos el camino equivocado.



100- LA CARIDAD BIEN ENTENDIDA - ¡¡0,7 % YA!!

(Publicado en Diario de Burgos el 23 de enero de 1996).

Desde mi modesta opinión, voy a contestar a la carta "La caridad bien entendida", publicada en estas páginas de Diario de Burgos el 13/1/96 y firmada por Julio Gómez Aguirre. Soy uno de esos "españoles" (dicho autor sabrá por qué nos ha entrecomillado) que aboga por contribuir con ese 0,7 % al Desarrollo del Tercer Mundo. Por tanto, a la lectura de ese escrito, me he sentido aludido.

A mi juicio, este firmante parte de una hipótesis propia de quien desconoce a esa clase de personas que, desde un sitio o desde otro, claman por la concesión del 0,7 %. Habla como si fueran idealistas idos lejos para desentenderse de cuanto aquí sucede. Nada más lejos. Son personas sensibilizadas con el dolor del ser humano allí donde se encuentre, aquí o allá. El firmante parece empeñado en el desatino de poner fronteras a la solidaridad e ignora que todos los seres humanos somos iguales en dignidad, independientemente del lugar de nacimiento. Así, comete el disparate de referirse a los habitantes del Tercer Mundo como "muertos de hambre". En nuestro idioma castellano, dicha expresión es un auténtico despectivo.

"Estos señores altruistas, dice, no se han enterado que los Ayuntamientos, las Autonomías y toda España están entrampados en miles de millones de pesetas...". Sí, lo sabemos, pero eso es un problema de gestión. El excesivo gasto, no es ninguna excusa para incumplir promesas en cuestiones de justicia. Porque es justicia, y no caridad como pretende calificarlo a través del título de su carta.

"Y ustedes los altruistas, sigue diciendo, el dinero que se gastan en sus algaradas ponerlo a disposición del gobierno, y no venir dándoselas de mártires y generosos con el dinero del contribuyente". Como cualquier otro ciudadano, tenemos todo el derecho a manifestar nuestras opiniones como creamos conveniente, siempre y cuando no faltemos a los demás. Nadie se las da de mártir. Y, por supuesto, nadie se las da "de generosos con el dinero del contribuyente". Simplemente, se presiona para que se cumplan esos Convenios Internacionales en materia de solidaridad, esos mismos Convenios que han acordado los representantes de los distintos países porque la situación es de auténtica vergüenza para la Humanidad y para todo aquel que tenga unos mínimos sentimientos humanitarios. Pero, luego, puede más la cartera que el corazón: Y a la hora de aligerar la cartera, ya no queremos saber nada de lo acordado. Ese proceder, ni es serio (según el dicho: "lo prometido es deuda"), ni justo. Y si lo justo sería construir un mundo de hermanos, en la lucha por ese ideal, hoy, atendiendo a las recomendaciones y promesas de esos Convenios Internacionales, el 0,7 % es lo mínimo que debiéramos aportar al Desarrollo del Tercer Mundo. Sin que estas aportaciones sirvan de excusa para, a título particular, desentenderse del sufrimiento del hombre, sea de aquí, o sea de allá.



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