
Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.
Sumario: 71- Aparentar. 72- Meses sin "r". 73- El futurólogo. 74- El fletán negro. 75- Las mentiras que nos cuentan.
Yo no sé por qué la sociedad juzga únicamente por las apariencias: "Tanto tienes... tanto vales". En la realidad, aunque nuestra conciencia social se niegue a admitir que tal lema funciona como directriz, mal que nos pese, es así. Y desde el punto de vista personal, la existencia en la realidad de la vigencia de la frase entrecomillada la comprendo bien, porque yo, y tantos otros como yo, carecemos de valor: simplemente, para la sociedad no valemos nada porque no tenemos nada. Tampoco sé si esta tendencia es el origen o es la consecuencia del comportamiento humano en el plano personal: Todos, o casi todos, guardamos las apariencias. Es como si pensáramos que nuestro auténtico valor no reside en cuanto somos, sino en lo que los demás piensen de nosotros.
Por ello, en este círculo vicioso donde no se sabe cuál es el origen y cuál es la consecuencia, tenemos tendencia a valorar el tener o el figurar para que lo demás vean y no el ser que queda en un plano oculto en el interior de nuestra persona, familia, o un círculo muy reducido de individuos. El siguiente paso de esta propensión, en uno de los aspectos, el puramente económico, es presumir ante los vecinos de un nivel de vida que no se corresponde con nuestros ingresos económicos. Esta actitud de querer aparentar, dispara el consumismo. Y de ese modo se convierte en la vida de nuestro actual sistema de mercado que así coloca su producción, y en la muerte del individuo que pasa de ser libre a ser esclavo de su ambición de posesiones.
No sé si he sabido explicar cuanto quería decir, pero no tendría ninguna importancia la obscuridad de mis reflexiones, porque no era mi pretensión dar una conferencia sobre el sistema de mercado. Con mis palabras solamente pretendía realizar un enlace serio con un historia de humor. Allá va:
Cuentan... que una tertulia de sobremesa, con los pocillos de café entre las manos, con un aire de darse importancia, y humo de cigarrillos y puros de fondo, tres matrimonios en sus comentarios tertulianos exponían sus nuevas adquisiciones.
- El frigorífico que nosotros acabamos de comprar -decía una señora de blusa azul- es una auténtica maravilla. ¿No es así, Jorge?.
Jorge asintió con la cabeza mientras lanzaba con satisfacción una bocanada de humo filtrada a través de su habano.
- Si no lo veo, no lo creo. -continuó explicando la misma señora-. La realidad supera todas las expectativas de compra hechas a través de los folletos de propaganda. Es un electrodoméstico muy caro, carísimo, pero merece la pena pagar ese precio. Todos los departamentos son completamente individuales. Esta separación evita los malos olores intercambiados entre distintos productos. Se acabó la fruta con olor a pescado. Y encima, cada uno de los departamentos individuales permite una graduación de temperatura independiente. ¿Te acuerdas, Jorge, de los dolores de garganta que te cogías con la bebida del frigorífico viejo?. Con éste nada: se gradúa el departamento de bebidas a la temperatura adecuada a nuestro deseo... y se acabaron los problemas de garganta.
- Pues la nueva lavadora que hemos comprado nosotros roza la perfección -dijo otra señora con el pocillo de café en la mano-. Julio dudaba a la hora de comprarla por el elevado precio. No quería adquirirla porque la vieja lavadora tenía solamente dos años y consideraba un derroche retirar la vieja. ¡Pero, oye, estamos los dos trabajando y no vamos a privarnos de un capricho necesario! ¿No Julio?.
- Bueno, vale, tenías tú razón -respondió Julio-. No hay comparación con la lavadora vieja.
- Pues te deja la ropa seca y como nueva -siguió explicando la señora-. Se acabaron los antiguos sistemas de centrifugado que oprimían la ropa para escurrir el agua dejando la colada apelmazada. Esto funciona mediante un sistema de chorros de aire que airea y no oprime la colada. La ropa queda completamente seca y sin la más mínima arruga. Además tiene un diseño totalmente diferente de las lavadoras convencionales: especie robot de nave espacial. Da a la casa un aire distinto, de más elegancia..
- ¡Oye, María! -dijo el caballero de bigote, llamado Andrés, mientras jugaba pasándose de una mano a otra una copa de brandy-, ¿ les has hablado a tus amigas de las excelencias de nuestro nuevo lavavajillas?.
Ingenuamente, María iba a responder que ellos no tenían lavavajillas. Pero, en un cruce de miradas, vio que su esposo le guiñaba el ojo, y se abstuvo de decirlo. Solamente, a falta de saber qué decir, le cedió la palabra:
- Cariño, cuéntaselo tú.
- Nuestro lavavajillas es un sistema perfecto y, además, está dotado de memoria: nada de chips anticuados, que fallan cada tres por cuatro. La orden entra directamente sin pasar por procesadores que puedan tergiversarla. Es tan fácil de manejar que no necesita programación ni aprender un montón de instrucciones. Calcula automáticamente la cantidad de detergente a emplear en el fregado de modo proporcional a la superficie a fregar. Funciona de una forma tan sencilla como el mando a distancia de una televisión. María puede ponerlo en marcha mientras está acostada en el sofá del salón viendo la película de la tele.
- ¡Ah, pues sí que es cómodo! -exclamó la esposa de Julio-. ¿Dónde lo venden?.
- ¿Y de qué marca es esa maravilla de lavavajillas para poder comprarlo? -preguntó sumamente interesada la esposa de Jorge.
Andrés lanzó una carcajada y respondió:
- ¿Marca? ¿De qué marca habláis? ¿Comprar? ¿Qué hay que comprar? María solamente tiene que decir: "¡Cariño, hoy te toca a ti fregar los platos!".
Creo muy poco en la influencia de los fenómenos externos al hombre en su vida. No entiendo ni me cabe en la cabeza eso de las cartas astrales y de los horóscopos. Me parece una tomadura de pelo colocarnos un rasero en cuanto a suerte, negocios y amor, a todos los nacidos bajo el mismo signo. ¡Conmigo no aciertan una! Mi abuelo tenía un largo repertorio de faenas agrícolas cuya realización era conveniente llevarla a cabo en la fase lunar de menguante. ¿Tenía razón? No lo sé. La luna llena parece ser un periodo peligroso para algunas personas, según un charlatán de la tele. Y no paso a creerlo. Aunque tal vez tenga razón, no va a conseguir ponerme los pelos de punta.
Para mi vecino, los meses con letra "r" en su escritura son malos para tomar el sol, pues acarrean gripes y dolores de cabeza. Y sí, pero es que lo de la "r" me parece una pura casualidad. Los meses sin "r" son: mayo, junio, julio y agosto. ¡No se va a tomar el sol en diciembre, enero y febrero!.
"¡Bah, parruchas!, me digo. Todo eso son creencias de personas con escasa cultura. Se ve que no, que la gente de cultura también pasa a creer o a decir que cree tales cosas. Me explico: Un buen día comenzó a cantar mi estómago. Los médicos (gente estudiada), por esta época de la última estación del año, me dicen que el comienzo del otoño es malísimo para las úlceras y las gastritis. Y lo grave es que tienen razón.. A mí, claro está, con lo del estómago a cuestas, no me gusta el otoño.
En realidad, todo este rollo iba encaminado a sugerir unas preguntas: ¿Será sintomático que la Iglesia haya colocado las fiestas de los santos y de los difuntos a principios de noviembre? ¡O será pura casualidad como lo de los meses sin "r"? ¿Se imagina alguien una visita masiva a llevar flores a los cementerios en el mes de mayo?. ¿Y lo de los crisantemos? ¿Acaso las lilas florecen en noviembre?.
El futuro no existe, eso dicen
algunos entendidos en la materia, y
por lo tanto, no se puede predecir.
Yo, que no soy entendido en ese
tema, no me atrevería a afirmar ni a
negar su existencia. No obstante, no
me parece del todo mal esa
negación. Estoy de acuerdo en que
mientras vivimos estamos sujetos al
factor tiempo y puede dividirse en
varias etapas. El futuro no ha sido,
por ello existirá, pero no existe, o
de ser así, se llamaría presente. El
futuro tampoco ha existido, o se
llamaría pretérito. El futuro, vendrá
mañana, primero será presente y después será pasado. Sin embargo, aunque no exista, yo ya no
tengo tan claro que el futuro no se pueda predecir. Al menos, es posible predecirlo aunque sea de
una forma bastante inexacta.
Una de las formas que tenemos los hombres de predecir el futuro es la de relacionar la causa con el efecto. Esta forma de pronosticar no es magia ni brujería, ni tampoco es cosa de adivinos. Esto lo hacen todos los científicos del mundo, sin excepción. Por ejemplo los meteorólogos: relacionan las borrascas apoyadas por otras condiciones climáticas con las lluvias. Muchas veces aciertan, y otras, al pronosticar el clima con sólo 48 horas de anticipación, cometen grandes errores. La relación causa-efecto se emplea en todos los ordenes de la vida, aun en circunstancias mucho más serias que la meteorología, como son la vida y la muerte. Por ejemplo, un médico: observa minuciosamente la situación del paciente, prevé para el futuro el desarrollo de la enfermedad, y con ambos datos decide si se debe operar, o no. ¿Acertará el médico...? Eso no se puede saber. Hasta si el paciente consultara a otro doctor, es posible que dijese lo contrario. ¿Quién de los tendrá razón...? El paciente habrá de asumir el riesgo y optar por una de las dos decisiones.
También se pueden realizar estudios de diversos comportamientos de la historia humana del pasado, para anunciar, con mayor o menor precisión, el futuro. Por ejemplo, se puede predecir la llegada de una guerra después de comparar las situaciones actuales con otras prebélicas de tiempos del pasado. Pero... ¿eso sucederá...?. Es un riesgo de acierto o de error que ha de correr el defensor de esa tesis. Hasta el pronostico dependería del optimismo o pesimismo de quien realice el estudio. El refranero castellano, que siempre tiene dichos para todas las situaciones, expresa, usando el lenguaje popular, el contenido de este párrafo anterior de forma sencilla, que no necesita de explicación,: "Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, echa las tuyas a remojar".
Otra forma de predecir el futuro, es escogerlo. ¿Se puede elegir...? Claro que no. ¡Qué más quisiéramos los hombres...! Siempre hay numerosos factores fuera del control de nuestro alcance. Esta forma de elegir el futuro consiste en marcarse unas metas y luchar por hacerlas realidad. Marco Aurelio decía al respecto de esto: "Nuestras vidas son las obras de nuestros pensamientos". El contenido de la frase no es del todo exacto, porque pueden llegar, y siempre llega alguno, fracasos, descalabros y decepciones. Pero... quien no se pone metas en la vida ni lucha por algo, ¿no ha decido ya su propio futuro...? Ese futuro elegido por quien no se mueve es el fracaso. ¿Acaso puede llegarse a tener una carrera universitaria sin estudiar?. También entre los dichos castellanos tenemos uno para este caso de no tener ilusiones para el futuro: "Aquí me dejó mi abuela, y aquí me encontrará cuando vuelva".
Ahora contaré una anécdota tonta, pero real. Y aún más, no hace falta creer en mis palabras, es comprobable con una simple suma: Estábamos en el año 1975 y se avecinaba un cambio político en España. Un compañero, no sé dónde lo aprendió, me decía lo siguiente: Sumando por separado, días, meses y años, la fecha del inicio de la guerra civil española, 18/7/36, y la de su final, 1/4/39, da la fecha en que morirá el General Franco. Haciendo la suma en los últimos días del General, y la hice tal como decía aquel compañero, me salía como resultado 19/11/75. El General murió dos días más tarde, es decir 21/11/75. Aquel compañero incluso mantenía que la cuenta había salido exacta: Sólo que, por razones de Estado, habían ocultado la muerte durante dos días. Esas cosas te dejan helado. ¡Casualidades...! Hoy, sigo pensando, precisamente porque soy creyente, que esta historia es una tontería y no deja de ser una casualidad.
No niego que alguien pueda
ver lo que no está a mi
alcance ver. Pensar lo
contrario, sería un acto de
soberbia. Por tanto, no
cuestiono la autenticidad de
algunos futurólogos, adivinos
y profetas. Últimamente, la
profesión de futurólogo ha
tomado auge impulsada por la
radio y la televisión. En este
tiempo de crisis en todos los
sentidos, el individuo recurre
desesperadamente a estas
creencias. Como dice el
psicólogo Bernabé Tierno:
"En la sociedad de hoy hay tantas mentiras que pocos saben a qué atenerse, en qué o a quién
creer". Es así: A los medios de comunicación, les importa un bledo la verdad o la mentira, el
éxito o el fracaso de la predicción, únicamente les mueve superar cuotas de audiencia. Y por ello,
si les hiciera falta, recurrirán a tomarnos el pelo a todos en la misma medida que acuden a la
realización de programas morbosos.
En los últimos días de 1993 en un programa televisivo debatían el tema de la crisis de la economía de cara al año 1994. Había en la mesa un afamado futurólogo, adivino o vidente. Le preguntaron por el tema de la pretendida recuperación económica:
- Veo unas lucecitas de recuperación al final de año, pero muy al final -contestó.
Otro de los intervinientes, de profesión ganadero taurino, el famoso Victorino, le lanzó una corrección en tono irónico. Pero, como por las palabras de otro debatiente, transcurrió un tiempo desde la profecía al reproche, no pasó de ser un comentario jocoso:
- Sí. ¡Esas lucecitas que ves tú son las de Navidad del año que viene!.
Volviendo al tema general del futuro, me sacan una sonrisa irónica las respuestas de estos adivinos de radio y televisión, al comprobar como siempre contestan al interesado lo que él quiere oír:
- ¿Trabajo? Sí, uno regular dentro de tres meses. Pero será una situación transitoria. El próximo año encontrará un trabajo muy bueno.
- ¿Salud? No tenga miedo, superará esa operación grave...
- ¿Amor? Sí, sólo tiene que fijarse en una persona que buscara su amor de verdad, aunque usted puede tardar en fijarse en ella. Preste mucha atención.
Todas las respuestas son como si dijéramos a pedir de boca. Vamos, es como si se estuviese deshojando la margarita del divorcio: también se puede elegir la respuesta que se desee según a quien se acuda a consultar. De verdad... Si se pregunta a un sacerdote, dirá:
- Hijo mío, trata de comprender a tu mujer y no te precipites.
En cambio, si se decide consultar con el abogado, ni corto ni perezoso, dirá:
- ¡Adelante! ¿Cuándo quiere comenzar con el papeleo?. Yo podría hacerle el papeleo.
No siempre las profecías de los adivinos de tres al cuarto son comprobables. Son muy listos y no realizan pronósticos concretos. No obstante, al famosísimo Rappel le tengo guardado una profecía que sí se puede comprobar. Afirmó que en el año 94 el Barcelona ganaría el Campeonato Futbolístico de la Liga. ¿Ya veremos...? Pienso comprobar su acierto o desacierto.
No me atrevo a telefonear a uno de esos futurólogos con una mentira sobre mi vida. Y no me aventuro por dos motivos. Primero, porque mi voz poco acostumbrada al cachondeo y a la farsa me delataría. Segundo, porque no tengo claro, lo reconozco con humildad, el poder de estos adivinos como para atreverme a jugar sin miedo con ellos... Pero, si les mintiese... ¿me descubrirían...? ¿O, me echarían mal de ojo?.
P.D.: Tenía razón el futurólogo Rappel, el Barcelona ganó el Campeonato de Liga. Hasta los últimos minutos no hubo ganador. Yo creí que se iba a equivocar, pero no fue así. Casi al final del encuentro en la última jornada, un penalty parado por el portero valencianista González al central coruñés Djutick dejó el encuentro en empate a cero. Esto dio la Liga-94 al Barcelona que ni siquiera estaba presente en el estadio de La Coruña. A los coruñeses les hubiera valido la victoria (meter aquel penalty) para conseguir el campeonato. ¿Habrá sido casualidad...?. Mirándolo bien tampoco es un acierto del otro jueves. Cualquier tonto hubiéramos apostado un 50 por ciento al Barcelona y el otro 50 por ciento al Real Madrid.
Esta semana pasada, abril de 1995, Diario de Burgos en su sección "Contestador Automático" pedía nuestra opinión sobre el acuerdo del fletán. ¡Ah!, ¿pero... eso se llama acuerdo...? Varias cosas pueden quedarnos claras en torno a todo lo sucedido en referencia a estos dichosos pececitos negros, al menos de nombre: 1- En el mundo se nos toma a los Españoles por el pito de un sereno. 2- En Europa somos el último de la fila. 3- A nuestros gobernantes los pescadores no les importan ni un carajo. ¡Si al menos hubieran tenido la gallardía y dignidad de votar en contra del acuerdo como nuestros vecinos Portugueses! 4- La Comunidad Económica o Unión Europea, como se prefiera, no tiene absolutamente nada de familia solidaria como se nos estaba haciendo creer. Es un mercado, y punto. ¿Y la solidaridad comunitaria...? Puro cuento chino...
Antes de la entrada de la televisión en nuestros hogares teníamos más diálogo familiar. Ante los chismes y comentarios del vecindario, mi padre tenía un dicho: "De lo que veas... la mitad creas, de lo que no veas... nada". No sé si esa es una ocurrencia personal, o es una frase hecha. Yo, aparte de a él, no la he oído jamás. A mí, con menos ingenio que mi padre, se me ha ocurrido modificar la primera parte de la frase y poner "leas" donde dice "veas". Y queda bien... ni siquiera pierde la rima: "De lo que leas... la mitad creas".
No obstante, en ocasiones, está uno tentado a creerse absolutamente todo cuanto lee en torno a determinados asuntos. Es el caso de la noticia, según la agencia COLPISA, editada por Diario de Burgos, página 31, y fecha: jueves, 20 de abril. Se dice con toda claridad que el acuerdo del fletán está condicionado al visto bueno a las ayudas para Iberia. ¡Pobres pescadores, les han convertido en moneda de cambio! Otros más a sumar a la larga lista de mártires Españoles... Y en honor, o deshonor, de nuestro paisano burgalés titular de ministerio de Agricultura y Pesca,en el ojo del huracán, añaden textualmente: "...no tiene ni idea de lo que ha pasado". Digo honor por no haber tenido parte en el despropósito. Y deshonor, porque, si fuera cierto cuanto se dice, en esa noticia de COLPISA, el Sr. Ministro no pintaría absolutamente nada en Ministerio. Mal de todas las formas, se mire por dónde se mire...
Una cosa queda clara después del conflicto del fletán: Europa es un mercado... a secas. ¿Los fondos de cohesión y demás...? Son gaitas. Porque, Europa compra... y se acabó. ¿Pero qué...? ¿Cuál es la auténtica razón de los fondos de cohesión...? ¿Qué demonios compra con la PAC...? ¿Y con las cuotas lácteas...? ¿Y con la pretensión de arrancar viñedo...? ¿Cuál es la moneda de cambio de todo ello...? Yo tengo mis respuestas. Pero, al ser sospechas sin comprobantes, no puedo ofrecérselas al lector.
Pero, por favor, que de una vez nos digan los políticos las cosas claras. Más o menos: "Sin la unión Europea tenéis el futuro bastante negruzco, pero con Europa un poquitín menos. ¿Cómo lo preferís negruzco o simplemente oscuro?". Y, si la pregunta fuese inoportuna e innecesaria, por lo menos, desde el poder, téngase el valor de reconocerlo.
(Publicado en la revista Regañón, número de Octubre de 1995).
Vamos de recuerdos: "Ahora que vamos despacio, / ahora que vamos despacio, / vamos a contar mentiras, tranlará. / Vamos a... contar... mentiras". ¡Quién de los lectores no conoce esta letra con música incluida! Advierto que mi frase anterior lleva signos de admiración. No es ninguna pregunta, pues sería inútil como tal. ¡Es una melodía tan conocida! Ese era el estribillo de una canción repetida en mi niñez. Sin duda, también lo habrán cantado todos alguna vez en su vida.
Al hilo de esa canción, ya no vamos despacio, sino deprisa. Muy deprisa. Todos corremos como alma que lleva el diablo. Unos, porque tenemos libre todo el tiempo del mundo, nos consume la ansiedad y queremos matarlo. ¿Entonces, podemos preguntarnos, prisa para qué? ¡Qué curioso! No sé contestar. Para que pase el tiempo, y la prisa dé lugar a otro tiempo distinto y a otra prisa nueva. ¡Y mira que es tonto correr sólo para eso! ¿Y qué...? No hay otra explicación. Tonto o no, es así. Es como si la prisa fuera una substancia incluida en la sangre del ser humano. Otros, los más en número, corren por todo lo contrario, porque andan demasiado atareados y dicen no tener tiempo para nada. ¡Qué mentira! Esa forma de decir, es una falsedad tan absurda como incierta. Lo verdaderamente necesario es planificar el tiempo. Han de restarse momentos empleados en actos superfluos para dedicarlos a otros fines más trascendentales. Así, siempre habrá tiempo para lo realmente importante.
De todas formas, la precipitación es mala consejera. La prisa ni siquiera consigue aumentar las posibilidades de rendimiento del tiempo. Según un refrán que no necesita comentario: "No por mucho madrugar, amanece más temprano". Y más curioso todavía: Ya se lo decía el rey Felipe II a su ayudante en unas palabras que han quedado como anécdota en la historia: "Vísteme despacio, que tengo prisa". Así es: Las cosas hechas deprisa, nunca salen bien. Y, si después de hechas precipitadamente, han de repetirse, llevará doble tiempo. Es mejor actuar con prudencia para hacerlas bien en una sola vez.
Sin embargo, a pesar de llevar en la actualidad la contraria a la canción, corriendo como diablos, seguimos diciendo mentiras. Además, éstas de hoy son bien diferentes de las mencionadas en la canción aludida. Aquellas mentiras de mi recuerdo eran totalmente ingenuas y de pasatiempo: "Por el mar corren las libres, / por el mar... corren las liebres ,/ por el monte las anguilas, tranlará, / por el monte... las... anguilas". Hoy, por el contrario, son mentiras maliciosas e interesadas: no se llama a las cosas por su nombre (eufemismos).
Así por ejemplo, no se quiere decir aborto (sigue sonando fuerte a nuestras conciencias). Para suavizar el tema, se nos dice interrupción legal del embarazo, que es una expresión más larga, pero suena mejor. Es más suave. O en todo caso, para decir lo mismo, se nos dice aborto libre y responsable. ¿Qué es eso? Yo entiendo que se diga libre, pero lo de responsable escapa a mi mente. Si a mí me da la mala idea de conducir con el coche por la izquierda, será un acto libre, pero lo que seré es un irresponsable. Y sólo seré responsable de cuantos muertos y heridos deje en mi camino.
Recuerdo cuando en el colegio hacíamos alguna fechoría y nos decían los profesores:
- ¿Quién ha sido el responsable?
Por fin, se ponía de pie uno, y agachaba la cabeza como diciendo: yo he sido, venga para acá lo que sea que cargo con ello. Para mí, lo de responsable sería todo lo contrario del aborto: acepto las consecuencias. Y es que, se mire por donde se mire, una vida, es una vida... A esos legisladores atrevidos a dictar leyes asesinas, yo les preguntaría a quién pidieron ellos permiso para venir a este mundo.
Y a cuento de manipular las palabras para llevarnos donde ellos (los manipuladores) quieran, viene a mi memoria un chiste de una tía mía soltera (natural de Valbonilla) que contando sus historietas hacía nuestras delicias de niños. Y va de cuento:
"En los tiempos en que ocurrió (?) esta historia, las gallinas andaban sueltas por el pueblo. No hace falta tener muchos años para haber visto a las gallinas por las calles en el mundo rural. Iban unos mozos paseando por la calle. En su paseo, se encontraron dos gallos enzarzados en una pelea entre sí. Tanto era su enojo, que las aves sólo veían al adversario. Tan ciegos estaban en la lucha, que no se percataban de cuanto sucedía a su alrededor. Aprovechando la ceguera de actitud de los gallos, uno de los jóvenes cogió un palo y de sendos palancazos se cargó a los dos pollos en menos que canta un gallo (nunca mejor dicho, porque aquellos dos ya jamás cantaron). Los pelaron. Los guisaron. Y los merendaron en la bodega regándolos con vino churro de la propia cosecha.
Llegó el día de las confesiones en el pueblo. Uno de los jóvenes salió de la iglesia con cara de preocupación, y le dijo a su amigo:
- Oye, la hemos liao con eso de los pollos. Dice el cura que habría que devolver las dos aves, pero como eso ya es imposible, hay que ir a casa del dueño, pedirle perdón por el hurto y, en compensación, abonarle un importe equivalente al valor de los gallos.
- Si es que tú eres un cagao -respondió el amigo-. Hay que ser más echao p'alante. No vales p'a na. Tú no tienes ni idea d'esto. Déjame a mí, y verás como lo soluciono t'o.
Al poco tiempo salió de la iglesia satisfecho y, con cara sonriente, le dijo a su amigo:
- Ya está. T'o ha quedao arreglao. Hay que saber. Le he dicho al cura que íbamos por la calle, había dos peleándose, les hemos cortao la pelea, y les hemos llevao a merendar a la bodega. ¿Sabes qué m'a respondido?: "Muy bien. ¡Así se hace, hijo mío!".
Esto mismo pasa con el aborto:
se manipulan los términos a
conveniencia. Nos enrollan y
hasta nos harán creer que todo lo
que se dicte como legal es lícito.
Y no. Las leyes externas al
hombre podemos modificarlas,
pero las leyes que forman parte
del mismo hombre no se pueden
modificar, pues están escritas en
la conciencia de cada uno.
Modificar la conciencia en lo
substancial, equivale a atentar
contra los principios del mismo
hombre. Y no importa cuál sea
el nombre de estos principios: moral para los creyentes, o ética para quienes no crean.
Lo dicho anteriormente: una vida, es una vida. Y, si alguien cae en la tentación de decirme que a mí qué me importa y me cuenta lo de la libertad y demás palabras hermosas, le diré que nadie puede desentenderse de cuanto pase en este mundo.
Y para endulzar lo amargo, nos dicen: aborto libre y responsable. ¡Serán falsos! ¿Cómo no se les habrá ocurrido llamarlo aborto solidario? Y es que cuantos más abortos haya, seremos menos a engrosar la cola del paro. ¡Qué barbaridad! ¿Y cómo no habrán caído en la idea de llamarlo de interés terapéutico? Porque, el abortado no padecerá siquiera ni de dolor de muelas. ¡Vaya medicamento más preventivo! ¡Como esa vacuna no habría ninguna de eficaz! ¿Y cómo no habrán tenido la ocurrencia de llamarlo aborto humanitario? Porque, cuantos más abortos, menos bocas a alimentar en el planeta. Ya se intentó, ¡qué desfachatez!, solucionar por esa vía el hambre del mundo en la Conferencia de El Cairo. ¡Qué mentira! El problema del hambre es cuestión de una distribución desequilibrada de los bienes y egoísmo en el reparto, más que de superpoblación.
¡Anda ya! Cuento por cuento, prefiero los de mi difunta tía. Además de ser graciosos, eran inofensivos.