
Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.
Sumario: 56- Agarra el dinero y corre. 57- Crisis. 58- "Bienaventurados los pobres". 59- "Poderoso caballero es D. Dinero". 60- De la legalización de la droga.
Ayer, sábado 27 de agosto de 1994, me desayunaba con una noticia relatando un suceso sorprendente. Un joven empleado de una empresa de seguridad se había llevado un suculento botín de 360 millones de pesetas. Y además el relato del suceso aparentaba pinta de película cinematográfica al más puro estilo gansteril con persecuciones incluidas: Y es que los 360 millones era el importe resultante de haber robado 400 y restar unas sacas conteniendo 40 que el hurtador había perdido por el camino. Y, cómo no, el ladrón despistó a los perseguidores, y ahora nadie sabe su paradero.
Su predecesor en estas lides (cuyo nombre no cito), como su imitador actual, es lógico que mañana tenga más, también era empleado de una empresa de seguridad. El 28 de julio de 1989 robó de un furgón bajo su custodia 320 millones de pesetas y se fugó a Brasil con el botín. En poco más de un mes dilapidó 22 millones. Para evitar ser conocido, se operó de estrabismo de un ojo y se hizo un implante capilar en su reluciente calva. Aún así, delatado por unos recortes de prensa, fue apresado poco después. En la captura sólo se pudo recuperar parte del botín robado. Fue juzgado en 1991 y condenado a tres años y cuatro meses de prisión. Computado el tiempo en la cárcel antes del juicio y añadidos los descuentos pertinentes, salió en libertad provisional a los cinco días exactos de la condena. Desde entonces, se dedica a gravar discos, no por su buena voz, sino por la fama concedida por el espectacular hecho, y a conceder exclusivas a las revistas narrando sus aventuras a cambio de un pastón. Y, hay más, sin que nadie le reclame la porción de dinero gastada ni durante la fuga ni en su estancia en Brasil. Así, no es de extrañar que tenga emuladores. Me recuerda el chiste del confesor que impuso la penitencia de rezar un Credo. Y el penitente se frotó las manos pensando: "Por un Credo, robo otra vaca".
Y lo peor: La sociedad, erróneamente, ve a este tipo de delincuentes con simpatía y les eleva a la categoría de héroes. La persona aludida, por su fama, se pega la gran vida berreando ante un micrófono o concediendo exclusivas. Por ejemplo, narrar la historia eleva el número de ejemplares de las revistas, y de paso proporciona unos buenos ingresos al protagonista. Con lo cual, en lugar de un arrepentimiento, el infractor se está ufanando y lucrando de su delito. Por tanto, no me extraña nada que alguien con sangre fría y pocos escrúpulos de conciencia se diga: "¡Caray! ¡Así, también lo hago yo!".
PD: Al ladrón de la noticia comentada lo detuvieron en Ginebra (Suiza) el 6 de setiembre de 1994. Tal ladrón era un pobre imbécil sin tener planes siquiera. En su chapucero "atraco perfecto" hasta, a toda prisa, compró el vehículo para la salida del país después de efectuar el robo. Parte del botín la escondió en la tumba de un familiar. Y, en principio, le detuvieron en Suiza por la discusión con un agente por una simple multa de tráfico. ¡Valiente tonto que con 320 millones robados se pone a discutir con un policía por una insignificante multa de tráfico! ¿O será que, como en el fútbol, la mejor defensa es un buen ataque?.
En este país nuestro no se habla de otra cosa que no sea de crisis, económica claro. Abres el periódico, y la crisis está presente en titulares enormes e inquietantes: "Cada español debería pagar 954.000 pesetas para saldar la deuda pública acumulada". (ABC 22/8/93). Enchufas la radio, y no se olvidan en sus debates de la crisis. Enciendes el televisor, y el mismo protagonista se palpa en el ambiente noticiario aunque traten en el medio de taparla. Hablas con el vecino de escalera, y lo dice de otra manera menos fina, pero más ingeniosa: "las vamos a pasar canutas". Te tropiezas con el ama de casa que vuelve de hacer los encargos para el día, y te exclama: "¡cómo está la compra!". Si entras en el bar a pasar el tiempo, alguien puede desahogarse contigo contándote una película de suspensión de pagos en su empresa de trabajo. Te encuentras por la calle al amigo aquel pesimista que lo ve todo negro, y lo que te cuenta no tiene parangón con todo lo anterior, más o menos: ¡la ruina!. A otras personas, entiéndase pobres, parados, marginados etc., ni siquiera se les oye. ¿Para qué van a hablar, si con ellos nunca se cuenta?.
¡Qué hipócritas somos! ¡Claro que hay crisis! ¡Cómo lo voy a negar si es evidente! En esta sociedad egoísta que a nada conduce, la hipocresía consiste en que cada cual quiere solucionar únicamente la crisis suya. Y así nos va. ¡Solidaridad! Hombre, eso está muy bien, pero después de oír tantas veces la palabrita sin plasmarse en nada, pregunto: ¿Pero eso se da o es una cosa de comer?.
¡Apretarse el cinturón! ¡Qué tontería! Los "gordos" (entrecomillado) no quieren, ni nadie se atreve a obligarlos. A los "flacos" (también entrecomillado) no les quedan más agujeros en la prenda, eso si no han tenido ya que prescindir de ella y se atan los pantalones o las faldas con una cuerda.
Hay un diputado valenciano cuyo nombre nunca recuerdo con exactitud, pero sí su figura regordeta y sus dichos llenos de simpatía y de ironía llena de agudeza, creo que se lama González Lizondo. Por el hablar claro de este Sr., lejos de la palabrería de casi todos los políticos, tendría todos mis reconocimientos para ser presidente del gobierno. Este diputado, a sabiendas de que por pertenecer a un pequeño grupo (Unión Valenciana) poco cuenta cuanto diga en la tribuna, me encandiló una vez más con sus palabras. Se atrevió a pedir que rebajaran el sueldo de todos los políticos, él incluido, un diez por ciento. Nadie hizo caso a su proposición. ¡Es una pena! Tal vez esa pequeñez hubiera sido una gota de agua en el océano de los billones del déficit público, pero, eso sí, la aceptación de la medida propuesta hubiera sido un ejemplo. Desde luego, tal rebaja serviría de autoridad para decir: "¡apriétese usted el cinturón!".
Me permito recordar a esos Sres. una frase de un médico relativa a su actividad. Por ello, para adecuarla a este contexto debe entenderse política donde dice medicina: "¡Quien llegue a la medicina con la intención de ganar dinero, que se dedique a otros menesteres!". (Dr. Domínguez Vallejo).
Me gustaría que la política fuese una actividad por vocación. En este servicio público, nunca mejor dicho, un político no debiera cobrar más que el salario medio nacional. Recuerdo las palabras del maduro D. Julio en nuestra estancia en el Seminario: "¡Quien esté aquí con idea de que el sacerdocio es una carrera, que se vaya!". Quisiera que ese espíritu de servidumbre estuviera entre la clase política. No obstante, me parece que estoy pidiendo peras a los olmos.
La expresión de austeridad de moda: "hay que apretarse el
cinturón", siempre la he oído en un tono impersonal. Jamás he
escuchado la frase en primera persona: "hay que apretarnos el
cinturón". ¿Lo analizaré con lupa? ¿Será sintomático? ¿Será
como decir: sí es necesario, pero que se lo apreten ellos?
¿Quién? Sucederá como siempre, tendrán que apretarse el
cinturón los más débiles: Los enfermos, que harta desgracia
tienen, consumen más medicamentos... los parados, que
comprobarán como sus prestaciones por subsidios serán
menores y más cortas... los funcionarios, que podrán contemplar
congelados sus sueldos, como las pescadillas de las
pescaderías... los obreros, que verán disminuido el poder
adquisitivo de sus salarios... los pensionistas, que hallarán un
recorte en su pensión... usted y yo, los ciudadanos de a pie, que
para eso se echa mano al precio de la gasolina (doble sentido). Y
por si alguno de los anteriores se escapa, está el IVA en la
recámara. ¿Del revolver? ¡Aunque algo haya, déjate de películas de indios y de vaqueros!.
Y, curiosamente, mientras los gobernantes recomienda al sector privado subidas salariales no superiores al 2,5 por ciento, son ellos quienes suben o autorizan subidas muy superiores a ese porcentaje: tasas académicas, RENFE, luz, agua, metro, gasolina, etc. ¿Que usted no tiene más agujeros en el cinturón? ¡No importa, ya se los harán!.
En la viñeta de humor de Chumy Chúmez, una señora bien vestida y con aires de buen vivir decía a unos mendigos que solicitaban una limosna: "No se quejen, que a ustedes al menos les coge la crisis más acostumbrados".
¿Se solucionará la crisis? No lo sé. Eso espero, por el bien de todos. ¿Pero llegará pronto el reparto de la tarta hace tiempo prometida? Sinceramente, creo que no. Yo no cuento con ella. Eso de la tarta sólo es una promesa dulce. Y de las promesas de los políticos, ya se sabe, ¿no? Pero si por casualidad llegara la tarta, ¿la repartirán entre quienes ahora se tienen que apretar el cinturón? ¡Que no lo sueñen!.
P. D.: Vicente González Lizondo, hombre valiente como nadie, el día 4 de enero de 1995 propuso a todos los grupos parlamentarios la presentación de una moción de censura para la creación de un gobierno "de manos limpias" que colaborase con los jueces en el esclarecimiento de los casos de corrupción.
Chumy Chúmez señalaba hace días en su viñeta de humor, una tumba de la Expo-92 con una corona de flores. El mensaje sobre ella, decía: "Los que aún la estamos pagando, no te olvidan".
(Publicado en Diario de Burgos el 28 de noviembre de 1995).
Como cristiano y en mi modesta opinión, no estoy de acuerdo con la carta titulada "Los países más desfavorecidos", publicada en estas páginas el miércoles 1 de noviembre. El texto aludido está firmado por Ricardo Montes. Mi diferencia estriba en que él realiza una separación de conceptos que han de caminar paralelos sin poderse separar. Aún así, si por casualidad nos atreviésemos y los separáramos, a mi juicio, mi orden sería distinto al que, en mi lectura, he podido o sabido extraer de lo dicho por el autor en el escrito citado.
En su carta, este señor cita un encargo de Jesús a los discípulos: que anuncien el Evangelio, que bauticen en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y que enseñen a observar lo que Él les ha mandado. El firmante hace una interpretación textual de estas palabras para encauzar con demasiada prioridad la labor de la Iglesia Misional por el camino espiritual. "No les dice, añade Ricardo Montes, que levanten escuelas y orfanatos, que construyan barriadas y cooperativas, que proporcionen ropas y alimentos". ¡Claro que no lo dice! Pero no hace falta decirlo para entenderlo.
Sin duda, el Evangelio no podemos reducirlo a la aplicación textual de una veintena de palabras e ignorar el espíritu de la letra. El buen samaritano de la parábola, no se habría portado como prójimo si, en lugar de lavar las heridas del apaleado, vendarle y llevarlo a la hospedería, se hubiera sentado a su lado a leerle la palabra de Dios y tratar de convencerle de su autenticidad. Y de haber deseado trasmitirle la doctrina, ¿no hubiera sido el camino idóneo el mismo utilizado por el samaritano: curarlo, asistirlo y dejar obrar a su buen ejemplo?.
Tampoco la Iglesia sería convincente si nos dijera, sin hacer más al respecto, "bienaventurados los pobres". Si su labor se quedase solamente en palabras, equivaldría a justificar la pobreza. Y no, no es eso. Ha de decirse "bienaventurados los pobres", pero, a la vez, aunque existan errores y debilidades debidos al factor humano, intentar mitigar los sufrimientos del pobre y luchar con todos los medios posibles contra la injusticia de la pobreza.
El espíritu del Evangelio gira en torno del AMOR. Y no sería AMOR predicar a secas, ni tener como única meta meter en la pila bautismal a todo quisque. Creo que el firmante citado está en una línea de otros tiempos ya pasados. Antes, en una definición demasiado infantil, se nos concretaba el motivo de la ida a Misiones, como "a bautizar negritos".
¡Hombre, no! Ser misionero no es sólo bautizar negritos o chinitos o... Ni es tan simple, ni es tan complicado. Simple en cuanto a la definición. Y complicado en cuanto a la tarea. Porque, ¿no me digan ustedes que no sería difícil llegar a la Misión y pun, pun, pun, largarles el Evangelio a palo seco y, a renglón seguido, pretender que hayan creído y bautizarlos?. "¡Que se bautice tu abuela!", dirían con razón. ¿No será más fácil, al tiempo que transmitirles la palabra de Dios, portarse como cristianos, y en lo posible, dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, construir escuelas, orfanatos y cooperativas, y, a continuación, bautizar al que esté convencido e intentar comprender a quien no lo esté? No sólo creo que sea mejor lo segundo, además, a mi juicio es lo verdaderamente cristiano.
Intencionadamente, he dejado para el final el comentario a una parte del escrito aludido y ya copiado por mí anteriormente con carácter textual: "...que les enseñen a observar lo que Él les ha mandado". Se ha quedado para lo último por mi intención de comentarlo con una frase fuera del ámbito religioso: "Más grandes hombres formó Sócrates con sus costumbres que con sus lecciones". (Séneca). Pero, ¡qué falta hace recurrir a frases de autor! ¿No tenemos al respecto un expresivo dicho en castellano?: "Se predica con el ejemplo". Ya lo dice reconociéndolo la liturgia en una oración: "Acuérdate, Señor, de tu Iglesia y llévala a la perfección por la caridad".
Es imposible separar las enseñanzas del Evangelio de intentar ayudar en las necesidades materiales primarias del hombre. O, en caso de desentenderse de ellas, desde mi punto de vista, no sería cristiano y resultaría inútil predicar.
"Madre, yo al oro me humillo, / él es mi amante y mi amado, / pues de puro enamorado / de continuo anda amarillo. / Y, pues doblón o sencillo, / hace todo cuanto quiero / poderoso caballero es Don Dinero /".
Estos preciosos versos que encabezan el comentario de este escrito, pertenecen al satírico Quevedo y Villegas. Los dejó escritos en su época, ya hace dos siglos. El conceder excesivo valor al dinero, como se ve, no es una salida de tono del materialismo actual. Sin embargo, esta muy claro que los tiempos de Quevedo no son exactamente iguales a los nuestros. La diferencia entre las dos épocas es evidente. Ayer se hacía sátira de esta inclinación desmesurada del afán por el dinero sin hacer miramientos al método para conseguirlo. Hoy, el mismo hecho, está visto en la sociedad como una elevación a los altares terrenos. Hasta si se va por la vida de honrado, uno puede sentirse como un bicho raro: Se notará el desprecio sí no se está en esa onda.
Más o menos, cuanto he dicho en el párrafo anterior se explica así: Antes existía una cosa llamada hipocresía y, por lo menos, la gente se preocupaba por aparentar buena conducta. Ahora no. Ahora, es el caso contrario, la gente se afana en presumir en público tener una conciencia poco escrupulosa. Podría decirse que hoy somos más auténticos. Pues no, no lo creo, no es eso. Y precisamente ahí está lo malo del caso. La hipocresía sigue viva, no ha desaparecido, sólo ha cambiado totalmente de signo. Antes se tapaba un mal comportamiento y ahora se tapa una buena conducta. Con lo cual, hemos salido perdiendo en el cambio, aunque sólo sea por el mal ejemplo dado a la juventud. La verdad es que muchas veces quienes presumen de esa falta de hipocresía aludida tienen miedo a confesar en público sus buenas acciones. Por ejemplo, hoy presumir de tener un dinerito negro, estaría bien visto por la sociedad, pero no fardaría nada decir que se ha entregado un donativo a Cáritas o a cualquier ONG.
No quiero meter a todos aquellos para quienes el dinero "es su amante y su amado" en el mismo saco. No quiero generalizar. No hablo de drogodependientes ni de pequeños delincuentes. Estos pobres incautos no pasan de ser víctimas de la filosofía del "tanto tienes, tanto vales". Al fin y al cabo, son víctimas de una sociedad que inculca placeres y buen vivir y no da los medios para conseguirlos. La sociedad consumista anuncia la venta de maravillas, pero luego hay una descompensación descomunal para dar un trabajo que permita acceder con honradez a la compra de esas maravillas. Estas víctimas, al fin y al cabo, no intentan aparentar nada que no sean, ni tampoco les espera ningún altar terreno para glorificar sus hazañas en esta vida. Son sinceros, les importa un pimiento el qué dirán y la calificación otorgada a sus actos por sobrevivir.
Estoy hablando en mi escrito de quienes recurren a las apariencias para ocultar un afán desmedido de lucro. Estos son los auténticos propagadores de esa filosofía que hace víctimas entre la juventud. Estos últimos luchan por un status. Los anteriores, pobres infelices, luchan simplemente la supervivencia. ¿Y la ética?, podemos preguntarnos. Pues vale como ideal de filosofía, pero en la realidad no pasa de ser un cuento chino porque a veces se la utiliza como tapadera de ese afán desmedido de lucro. Es curioso, algunos de quienes recurren constantemente a la ética se la pasan por el trasero. Esa es la ley del embudo, que dice mi vecino: "para mí lo ancho, para ti lo estrecho".
"Tres cosas hay en la vida: / salud, dinero y amor. / Y el que tenga estas tres cosas / que le dé gracias a Dios /". Esta es la letra de una canción que cantaba hace muchos años el popular cantante Manolo Escobar. Vamos a intentar prescindir de Dios, que para mí, como creyente, lo da sentido a todo, para poner orden en estos tres valores.
Para algunos lo primero en la vida es el dinero. La verdad, para los incluidos en este punto, Dios cuenta muy poco. Mal asunto el suyo, pues no repararán en medios para conseguir el vil metal. Para ellos todos los métodos serán válidos. Lo ilícito no existe. Las víctimas de este modelo de sociedad donde el tener es lo primero actuarán abiertamente. Quienes no son los sacrificados y luchan por mejorar su status o llevarlo hacia el infinito, guardaran las apariencias de honradez. Todos los implicados en este punto saben que la salud no se puede comprar, ¡pero como la tienen! No piensan en la muerte. De todas formas, creen que la vida son cuatro días, y han de aprovecharse a tope. Están persuadidos de que el amor sí se puede comprar. No se equivocan según sus criterios. Tienen una idea falsa del amor. Comprarán eso que ellos llaman amor.
He estado pensado. Llego a la conclusión de que ninguno de mis sueños, alguno me queda, puede comprarse con dinero. La primera reacción ha sido la de calificarme desdichado, pues mis sueños no están al alcance de mis manos. Pero hay una segunda reflexión: no creo que las cosas inmateriales puedan comprarse con dinero. Lo que podrían comprarse son sucedáneos de sueños. Los sucedáneos solamente son sueños en apariencia. En realidad, sólo conducen a la insatisfacción. Ya lo dice la letra de otra canción: "Todos queremos más, y más, y más, y mucho más".
Del amor auténtico y del poder del dinero para conseguirlo también habla la canción inicial de nuestro análisis. Además lo hace muy acertadamente: "Ni se compra ni se vende / el cariño verdadero. / No hay en el mundo dinero / para pagar los quereres / del cariño verdadero /".
Queda muy claro que para mí el lugar del dinero es el último de los tres.
A la salud normalmente se la concede el primer lugar. Pero, no nos engañemos, el concedido sólo es un puesto honorífico. Unos no la tenemos, y la deseamos, otros la tienen, y no quieren perderla. "Lo importante es la salud" oiremos en repetidas ocasiones. En realidad casi siempre se dice como consuelo, cuando tienes un fracaso, un acidente, hasta cuando no te toca la lotería. Otras veces, es posible darse cuenta de que se evita pronunciar esa palabra ante quienes no la poseemos. El hecho sería como mencionar la soga en casa del ahorcado. Pero... ¿de qué sirve la salud si uno se siente solo y despreciado en lugar de amado? ¿Se podría vivir así? Hay una reflexión muy clara para realizar la comparación entre estos dos conceptos: ¿No lleva al suicidio es decir a poner fin a la salud, la inexistencia del amor?.
Luego, si el dinero para mí debiera ocupar el último lugar, y la salud está por detrás del amor, ya tengo establecido mi orden: amor, salud y dinero.
En teoría éste debiera ser el orden vigente para cualquier creyente. Según nuestras creencias el dinero tiene un mero valor de servicio. Y la salud Dios la da o no la da, la quita o no la quita, pero El actúa por amor. Ya lo dice San Juan: "Dios es amor". El amor a una persona concreta entra dentro del amor a Dios. No por amar a un hombre o a una mujer se ama menos a Dios. El amor, en sus diferentes formas, pero amor, es el primero de los tres valores. Al inicio del párrafo he dicho en teoría, porque como humanos también los creyentes fallamos. Pero eso no invalida la jerarquía de valores: ¿quien no tiene el orden en teoría, podría tenerlo en la práctica? De todas formas, hay dos formas diferentes de ver la cuestión. Quedan definidas en dos frases que a la vez suelen definir la actuación al respecto en la vida. Para unos el amor mueve el mundo. Para otros el mundo se mueve por el dinero. ¿Dónde estamos personalmente? ¿Y dónde está la sociedad actual?.
Ciertamente las dificultades nos llevan a ver la vida de otra manera diferente. Pero, sin embargo, nunca cambiaran de pareceres sobre este punto quienes pueden solucionar sus impedimentos a golpe de talonario. Hoy, encuentro en el periódico un ejemplo muy expresivo de esta idea. Son las declaraciones de la farmacéutica de Olot, María Angeles Feliú, realizadas tras su liberación después de 492 días de secuestro. Dice así: "Estaba en calma y rezaba. No podía hacer nada más. Antes no rezaba demasiado, y he vuelto a hacerlo; el resto del tiempo hice crucigramas". (28/3/1994).
¿Cuál es nuestro precio por realizar algo que no se ajuste a la ética? Si tuviéramos un precio monetario, es lo mismo que sea dos que tres. En todo caso seremos más o menos caros de comprar. ¿Qué estamos dispuestos a hacer y por qué? En vísperas de unos mundiales de fútbol entrevistaba por televisión un periodista al arbitro mundialista Victoriano Sánchez Arminio.
- ¿Tiene usted un precio por alterar el resultado de un partido?
- Todos tenemos un precio -contestó el árbitro.
- ¿Cuál es el suyo?
- Tengo una hija paralítica. Por ella alteraría el resultado normal de un partido. Pero no puede curarla ningún hombre.
¡Qué respuesta más bonita! Sin renunciar a su amor de padre, defendía su honestidad.
Del periódico de ayer, 27/3/1994, saco dos historias de signos opuestos sobre el precio de la honestidad de las personas. La segunda es preciosa, pues ni siquiera se trata de ir contra la ética por un importe. La cantidad estipulada compra algo legal. Esta segunda, es una de esas noticias que no vende y sólo tienen un pequeño recuadrito en alguna página perdida de los periódicos.
La primera de las historias es una vuelta más a la protagonizada en Londres por la valenciana Bienvenida Pérez Blanco. De 36 o 32 de edad años, según por donde se mire. Ella dice que 32, la prensa 36. Ya se sabe: "a una mujer no se le pregunta la edad". Se casó en 1990 con sir Antony Buck un hombre 30 años mayor que ella. El matrimonio fue un fracaso.
La parte negativa del suceso es que la tal señora ha propiciado la dimisión por la difusión de un escándalo sexual con el Jefe del Estado Mayor de Defensa inglés, sir Peter Harding. Así de sencillo: Primero vende a un semanario inglés la historia de la relación sentimental con el militar por 200.000 dólares. Y, posteriormente, organiza una cita con él en un hotel con el fin de que sean fotografiados juntos ¡Pobrecillas!, algunas señoras, hacen cosas parecidas a ésta, pero más formales, las hacen por poco más de un bocadillo y encima les ponen mala fama. Son conocidas por un calificativo que empieza por la letrita "p". Razón tengo yo al pensar que en este colocar al dinero en primer lugar algunos no pasan de ser víctimas. No soy machista ni feminista, hoy toca así, y si fuese al revés defendería a la mujer. Y encima anda con recochineo. ¿Saben lo que dice la tal Bienvenida para justificar sus malas artes? Que él ya era mayorcito para saber lo que hacía.
Él ha dimitido de su cargo por razones de ética. ¿Y ella? No tiene tal cosa, si la tuviera, se habría escondido debajo de una teja. Y lo que son los tiempos modernos, ella ya está ascendida a los altares terrenos. Se está forrando: Exclusivas en revistas. Entrevistas televisivas contando sus peripecias sexuales. Todo el mundo suelta la pasta por contar en su medio de comunicación las fechorías sexuales de la famosa Bienvenida. Así es la realidad actual. Hoy la sociedad llama con el despectivo puta a la puta pobre y toma como ídolo a la puta a lo grande, aunque sea una gran puta. Es vergonzoso el tratamiento dado a este hecho y a muchos casos similares. Da nauseas ver a la tal Bienvenida aparecer en televisión. Todo son parabienes para la ella. Hasta un tonto, de los que emboba a ciento, acordándose de la batalla de Trafalgar la elevó a la categoría de heroína nacional. La equiparó con Agustina de Aragón. ¿Y qué opinan en la sociedad del militar inglés que sí se ajustó a la ética? Pues es el hazmereír de todo el mundo. Todos se ríen de él. Ya no estamos en los tiempos de Quevedo. Él hubiera hecho una sátira de estos sucesos. ¿Hasta cuando habrá de ser así?.
La segunda historia es la de un japonés de 70 años llamado Hiroshi Fujishigue, que nombres más raros tienen estos nipones. Es agricultor de oficio y vive en la americana California. Es dueño de una granja de 23,5 hectáreas donde cultiva fresas y árboles frutales. La finca es aledaña a las instalaciones de Disneylandia. La multinacional quiere comprar los terrenos agrícolas y le ha ofrecido nada menos que 8.000 millones de pesetas. El agricultor dice que quiere seguir cultivando fresas y viendo como el viento mueve las ramas de sus árboles.
Hay hombres que no tienen precio. Aunque tengan 70 años. Aunque sean extranjeros en la tierra donde viven. Aunque sea a esta tierra extranjera a la que se pone precio. Aunque la cantidad ofrecida sea tentadora. ¡Bien por Hiroshi! Aún quedan hombres con integridad... pero pocas veces salen en los medios de comunicación... ¿Quién pagaría una exclusiva a este japonés por verle cultivar fresas? Tampoco Hiroshi aceptaría un duro por eso...
Con todo mi respeto a los partidarios de la conveniencia de legalizar la droga, su idea me parece descabellada. Para mí, es como meter a la zorra dentro del gallinero . La encuentro nefasto no sólo por las circunstancias negativas para los posibles drogadictos en vías de adicción, sino también porque las consecuencias de la droga no sólo afectan a una persona concreta, salpican a toda la sociedad. Un tanto por ciento altísimo de robos y crímenes tiene como fondo el problema de la droga, amén de problemas familiares, y sanitarios que repercuten en la Seguridad Social. La frase tan socorrida por los seguidores de la liberalización: "con mi cuerpo hago lo que quiero"queda por tanto sin validez.
Ni siquiera fue acertado lo realizado en su tiempo de dividir a las drogas en blandas y duras. Todos sabemos que entre unas y otras no existe ni siquiera un paso. Y quienes han llegado a las duras han comenzado por el escalón inferior. La droga es eso, la droga, que engancha, y comenzada la escalada aunque sea por la denominada blanda, es difícil volverse atrás. La medida ni siquiera fue un símbolo de progresismo, a mi juicio fue un patinazo claro.
En esta línea de pensamiento de quienes abogan por la legalización, están personas ilustres y hasta un partido político, hoy en trance de desaparición. Pretenden acabar con el narcotráfico despachando la droga en las farmacias mediante una cartilla extendida a nombre del drogadicto. Para mí, el plan no tiene ni pies ni cabeza, me explicaré: La medida legalizadora nunca acabaría con el narcotráfico. Todos conocemos la catadura moral de estos señores narcotraficantes capaces de enriquecerse a costa de vender muerte. Les harían con la pretendida legalización un gran favor al convertirlos, de la noche a la mañana, en "honrados" importadores de una substancia legal. No hace falta ser un genio para imaginar que, detrás de la legalidad, estos señores seguirían con el mismo negocio sucio de antes, sencillamente porque seguirían vendiendo e intentando enganchar a quienes aún no posean cartilla.
Tan importante o más, es actuar contra la demanda, como contra la oferta. En la oferta, como he explicado, la medida podría surtir un efecto contradictorio. En la demanda la derivación sería claramente negativa. Sucede que la droga no es sólo un mercado cualquiera. Tratarlo así sería un error. No olvidemos que existen unas circunstancias que empujan a la juventud hacia la droga. Olvidarlas, y no actuar sobre ellas como origen del mal, es un intento inútil.
Esta Semana Santa de 1994, en Diario de Burgos, estaba abierto un consultorio de opinión sobre la legalización de la droga. Alguien, partidario del sí, esgrimía que en Holanda se ha legalizado y el consumo está a la cola de Europa. La comparación en sí es una tontería mayúscula. Para comparar consumos habría que equiparar al menos la situación socio-económica. Ignorar las razones que llevan al consumo es cerrar los ojos.
Los clásicos tabúes no han desaparecido. Han cambiado de sentido. Ahora todo el mundo habla de sexo. Hasta en la sopa. Llegan a casa los escolares tras la jornada de colegio y televisión les obsequia con una serie infantil o juvenil, pero hay un intermedio publicitario y !zas!, les anuncian un preservativo con imágenes incluidas. Les cuentan el "Colorín colorado" un cuento para niños de seis años, y ya finalizado, a renglón seguido, eso lo he observado, anuncian la película nocturna proyectando una secuencia de cama con desnudos. Por contra nadie se atreve a hablar del origen de la necesidad de la droga. Es como un tema maldito que hubiera que callar, un nuevo tabú. Ahí se ven las pocas ganas de hacer algo positivo. Al contrario, no debiera silenciarse. Habría que publicarlo a los cuatro vientos. La razón de silenciarlo es porque vapulea nuestra conciencia de egoístas. La drogodependencia no es un vicio, es una enfermedad. Habría que buscar y tratar de erradicar las causas que llevan a ese desenlace. Toda medida contra el problema de la droga, para ser eficaz, ha de empezar por el origen de la demanda. Lo contrario sería como empezar a construir el Empirestat por el piso 81 en vez de por los cimientos.
Entre las opiniones telefónicas recogidas por el contestador automático que publica Diario de Burgos, está la de un tal Eduardo, de 23 años. Es defensor de la legalización de la droga. Afirma con rotundidad que la legalización no aumentara el consumo. Avala su idea con las siguientes palabras: "Aunque la vendan libremente, yo no la compraré". Amigo mío, nadie puede decir de este agua no beberé. La droga no es una colección de cromos. El drogodependiente es un enfermo. Casi siempre en su caída hay unas circunstancias, y mañana parecidas condiciones pueden darse en tu persona. La vida da muchas vueltas.
Alguien de forma consciente, o engañado, y empujado por unas circunstancias, se mete en el mundo de la droga a sabiendas de que mañana ha de buscar dinero para más droga. ¿Qué miedo le quedaría a nadie, si supiera que "papa" Estado en el futuro sufragaría los gastos de su adicción? ¿Quién distribuiría las cartillas?, a ti sí, a ti no, ¿no llevarían un riesgo enorme las decisiones? ¿No seguiría existiendo narcotráfico para abastecer a los nuevos drogodependientes mientras les tramitaran la cartilla? ¿Quién convencería a un drogodependiente con cartilla de que ha de rehabilitarse?.
Posiblemente con la legalización lo que sí disminuiría sería la delincuencia para proveerse de medios para el abastecimiento personal de droga. ¿Pero mirado por ese punto no sería una medida del todo egoísta? ¿No sería como decirles, tomad vuestra porción y no nos deis más la lata? ¿O las cartillas tendrían un limite, pasado el cual, el interesado, de no haber conseguido rehabilitarse, quedaría desprotegido? ¿Con la legalización se convertiría España en un país de drogodependientes?.
Sé lo que me dirán: lo que se pretende despachar en las farmacias es sucedáneos de la droga, menos peligrosos, que ayuden al enfermo a rehabilitarse. ¿Convencerían al drogodependiente con tales substancias de que debe salir de su adicción? Si el drogodependiente, no suele reconocer que se droga, ¿se prestaría a solicitar una cartilla?, ¿y a ir, día a día, a por su porción? ¿Harían siquiera sombra esas substancias a la auténtica droga? ¿O perpetuarían la droga como remedio para una juventud a quien no se la ofrece un mundo mejor?.
Despachando pañales y medicamentos, no digo inútiles, pero sí que sólo resuelven situaciones muy personales, se leen en los periódicos noticias como ésta: Durante 1992, los fraudes a la Seguridad Social ascendieron a 5.324 millones de pesetas. Si de droga tratáramos, a esas cifras habría que añadir muchos ceros. Las mismas farmacias habrían de convertirse en verdaderos cuarteles armados hasta los dientes, vigilados con la misma intensidad que un arsenal de explosivos, para impedir que drogodependientes sin cartilla se apropiasen de las substancias destinadas a otros enfermos con ella. Mientras tanto, los narcotraficantes, que casi siempre se ríen en esta vida, se reirían a mandíbula batiente: Por un lado se convertirían en honrados importadores de sustancias tóxicas en bien de la sociedad, por otra parte seguirían con sus negocios sucios para abastecer el mercado que "papá" Estado no pueda atender.
P.D.: En octubre de 1994, el mismísimo Delegado del Gobierno contra la droga, Carlos López Riaño, proponía abrir un debate sobre la legalización del hachís. De inmediato fue desautorizado por el Gobierno.