
Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich
Sumario: 1- ¡¡0,7 % YA!!. 2- Padres para siempre. 3- Gente "rara". 4- Myriam- Desiré, y Toñi.
5- De amigos y "amiguetes".
(Publicado en Diario de Burgos el 2? de noviembre de 1994).
En primer lugar quiero dejar clara mi posición respecto a la campaña del 0,7 %. Los peticionarios tienen todo mi apoyo moral. Si pudiera, que no puedo, tal vez me iría con ellos a una tienda de campaña.
He leído atentamente el resultado de la encuesta del "Consultorio D.B." sobre los criterios a la decisión del Ayuntamiento burgalés de conceder el 0,7 % para el Tercer Mundo. En ella hay opiniones para todos los gustos. A mi juicio, unas son acertadas y otras llevan menos acierto. Debemos recordar que el 0,7 % no es una moda de aquí y ahora. Es una promesa mundial e incumplida desde hace más de treinta años.
En las respuestas de esta encuesta se puede observar una visión a través de la política. Me refiero a un fenómeno, hoy por desgracia, muy usual en distintos términos de las decisiones y
actuaciones políticas: Si el dirigente es azul, "mal hecho", si, por el contrario, es amarillo, "bien hecho". Lo cual no deja de ser una incongruencia absurda en cualquier campo. Lo bueno es bueno y lo malo es malo con independencia de quien lo haga. Cualquier acción ha de saberse mirar sin gafas de colores partidistas.
En estos tiempos donde se lleva la corrupción, el trinque, el tener y el aparentar, es agradable saber que hay miles de personas durmiendo en la calle para pedir desinteresadamente para otro. Estos peticionarios se merecen un marco de plata, pero, desde luego, no una acusación de querer figurar.
"La caridad bien entendida empieza por uno mismo", dice alguien en la encuesta. ¡Qué tontería! Es como llamar a lo blanco, negro, y a lo negro, blanco. No sé de que Blas (punto redondo) será original esa frase hecha. Yo la oí por primera vez a cuento de un anuncio publicitario. ¿Será ése el origen?.
¿Hay necesidades en Burgos y en España? ¡Pues claro que sí! ¿Y dónde no las hay? Sin embargo, el tamaño de las necesidades depende de con quién nos comparemos. Siempre hay otro más necesitado. Si nos comparamos con el banquero "X", que veranea en yate, o con la Sra. "Y", con caseta con calefacción para el perrito, vivimos una vida de miseria. Pero, si nos comparamos con un somalí hambriento, o con una sudanesa sin carne en el cuerpo, que exhausta, trata de amamantar a su hijo, vivimos como auténticos reyes. A menudo, nos resbalan las cifras del Tercer Mundo: "Cada dos segundos muere un niño de hambre", "el 20 % de la población mundial posee el 80 % de los bienes existentes en el mundo", "más de un tercio de la población del planeta pasa hambre". Y así podríamos seguir con frases vergonzosas si fuéramos capaces de sentir vergüenza. Los localismos y nacionalismos son buenos cuando nos llevan a unir esfuerzos con los más próximos, pero son una auténtica barbaridad si los cerramos e ignoramos o despreciamos a los demás: "No, ése no es de mi región o de mi país. ¡Allá se las apañe como pueda... y si se muere... por su cuenta!". Bien está ser de aquí o de allá, pero sin olvidar que todos somos ciudadanos del mundo.
En la encuesta hay opiniones muy
sensatas que hablan de justicia y de que
nuestro único mérito es haber nacido en
un país desarrollado. Así es. Sin
embargo, nadie habla de otra clase de
justicia: Nos traemos sus materias
primas a precios de saldo, les vendemos
armas para que se maten mientras
lavamos nuestra conciencia con un
puñado de ayuda humanitaria, les
hacemos prestamos (¡pero cuidado, el
dinero lo devolverán, pero no lo verán!)
a condición de que nos lleven éste o el
otro producto, o peor, con condiciones
políticas, o peor aún, con condiciones de
informes o proyectos que son fachada para que partidos o particulares se queden con el dinero.
Hoy, el 0,7 % es lo mínimo, muy mínimo, que se les puede dar. En realidad, esta cantidad, y
cualquier cantidad, es injusta, sería innecesaria si hiciéramos un mundo de hermanos, pero hoy
por hoy parece una utopía.
Una persona de la encuesta, que no regatea esfuerzos, pone el dedo en la llaga: ¿Cómo se distribuirá? Ese es el auténtico quid de la cuestión. El problema ya no es, nadie sensato lo discute, el 0,7 % sí o no, sino la canalización de este importe. Yo, personalmente, me fío de las Organizaciones no gubernamentales, pero de los Gobiernos, de aquí y de allá, no me fío.
Aunque se consiga el 0,7 % y los peticionarios se vayan a su casa, su labor jamás acabará. Una ayuda no es ayuda sin un calor humano que la respalde día a día. En cualquier caso, ha procurarse y vigilarse que los fondos lleguen correctamente a su destino. Y de todas formas, queda infinito trecho por conseguir un mundo más solidario.
Nuestra familia tiene un matrimonio de amigos con dos hijos adoptados. Son dos preciosidades de niños. Se dice, que esa circunstancia de la adopción en España es un caso excepcional. Solicitudes para adoptar no faltan, pero es muy difícil recibir una respuesta positiva dentro de un espacio de tiempo prudente.
Cuando una de mis vecinas veía a nuestra puerta el automóvil de este matrimonio de amigos citado, siempre acudía con la misma pregunta. Sucedía que mi vecina tenía unos sobrinos sin hijos, estaban intentando adoptar un niño, cansados de esperar a la respuesta de su solicitud de adopción, y ansiosos por recibir una contestación positiva. La pregunta realizaba por mi vecina no puedo repetirla con toda exactitud, además tenía matices diferentes cada día. Sí puedo afirmar que me producía cierto sonrojo. Más o menos, pudiera ser:
- ¿Qué artimaña o atajo hay que seguir para que te concedan un niño en adopción?.
En cierta manera el interrogante de mi vecina me ponía en un aprieto, y el interrogado me lanzaba una mirada de sorpresa. Sinceramente, yo no consideraba el contenido de la pregunta demasiado correcto. Nuestro amigo respondía:
- Nada. Rellenar unos impresos, someterte a una entrevista, y esperar a que te avisen.
Mi vecina no encontraba satisfactoria la respuesta. Y, no convencida con la contestación recibida, aprovechaba la próxima visita para volver a preguntar lo mismo.
No hemos perdido la amistad de este matrimonio, y sigue honrándonos con sus visitas. Pero, la vecina no ha vuelto más veces en tales ocasiones con su rara pregunta. Hay una razón muy sencilla para explicar su aparente olvido: ha cambiado de domicilio y sólo viene al pueblo algunos fines de semana.
No creo que nuestro amigo se buscara ningún atajo. Él lo dice, y será cierto. Nunca le pregunté nada al respecto. Hay cosas que, para conservar la amistad, no se deben preguntar. La pregunta de mi vecina, a mi juicio, era demasiado atrevida.
Los datos sobre adopciones hablan de este asunto con suma claridad. En España adoptar un niño no es tarea fácil. Hace días, apunté en mi borrador de notas una noticia del periódico: "En esta Comunidad, donde yo vivo, Castilla y León, existen aproximadamente 600 solicitudes de adopción. La Junta sólo ha podido conceder en este año pasado de 1992, 73 resoluciones positivas. El porqué de la pequeña cantidad de síes es sencillo: no hay más niños adoptables".
Con una calculadora en la mano, haciendo cuentas con las cifras de la noticia anteriormente citada, con una simple división, saco la barbaridad siguiente: la espera viene a suponer una cola de 8 años. Pero hay más, mi calculo sólo es una hipótesis. Porque tal cuenta es irrealizable con garantías de acertar: Porque es de suponer que a lo largo de esos ocho años haya nuevas solicitudes en la proporción normal, incluso se podría prever un incremento del ritmo. La conclusión sacada es grave: en ese tiempo de espera, ocho años, posiblemente muchas parejas ya estén cansadas de aguardar... y, por los años acumulados por la espera a su edad, posiblemente les falte la ilusión de juventud que tuvieron cuando solicitaron la adopción. Y sin embargo, aquí en España seguimos erre que erre con el maldito aborto. ¿Por qué...? Es incomprensible.
La siguiente noticia confirma mis anteriores palabras. Fue oída en telediario de primera edición de TVE-1 el día 15 de Octubre de 1993: 1.500 parejas españolas se han interesado por la oferta de la Asociación "Padres para siempre" (ilegal, pues pide a cambio una aportación económica) que ofrece la adopción de niños huérfanos rusos.
No soy mujer, pero intento mirar el tema como si lo fuera en realidad, y, por más vueltas que lo doy, no entiendo el aborto. A pesar de mis esfuerzos, me creo en desventaja, no podré alcanzar el alto punto de vista de una madre. Madre es el mayor título que se puede dar a una persona. Trato de mirar el aborto desde el punto de vista femenino, y además, por una sola vez y sólo por hoy, prescindiré de conceptos morales. Pues ni aún así comprendo esta actitud. Si la mujer que se somete a tal práctica no quiere a su hijo que se lo deje para otra madre. Ella lo cuidará. Seguro. Así de sencillo. Porque... si lo que pretende es no perder nueve meses de su vida, no lo entiendo: es posible que la pierda entera. Es relativamente fácil sacar a un hijo del vientre materno, pero lo difícil es sacarlo de la cabeza de una madre para siempre. Yo me lleno de preguntas sobre el tema: ¿Qué puede pensar una mujer que se sometió al aborto, cuando al siguiente embarazo sienta moverse en su vientre un hijo que sí desea? ¿Pensará en el hijo que no dejó nacer? ¿Se sentirá culpable...? Nadie puede escaparse a las preguntas de la propia mente. Es fácil huir de ellas un día, pero es imposible escaparse para siempre.
La madre Teresa de Calcuta relaciona el aborto con un inconveniente para conseguir poner final a las guerras en este mundo donde se nos llena la boca con la palabra paz. Lo hace con estas palabras: "Si aceptamos que una madre pueda matar a su hijo, ¿cómo podremos decir a la gente que deje de matarse?".
A mí, aceptado el aborto, la solidaridad me parece pura palabrería. De verdad que resulta absurdo, un día promulgar una ley del aborto (fuera niños), y a otro día destinar una partida presupuestaria para paliar el hambre de los niños de Somalia o de cualquier otro sitio. Esto segundo, lo de hacer la guerra al hambre, es maravilloso. Pero en relación con lo anterior, lo segundo solamente parece un lavado de cara de lo primero, una simple compensación para acallar nuestra conciencia.
¿Qué demonios de sentido tiene la ley del aborto...? ¿Estas leyes son frutos del progreso...? ¿El progreso es un mundo egoísta donde triunfan los más fuertes...?
Pues conmigo que no cuenten...
P.D.: Hoy es 5 de agosto de 1994. He preguntado a mi vecina sobre el resultado de la solicitud de adopción de sus sobrinos:
- Ha sido positivo -me ha dicho-, pero ha tardado en llegar cuatro o cinco años.
31 de julio de 1994.
Sr. Agustín ----- -----
He encontrado tu carta publicada en la sección "cartas al diario" de Diario de Burgos el día 17 de este mes bajo el título: "gente rara". Inmediatamente me dije: "voy a contestar", y anoté unas líneas en una libreta de notas que ahora tengo sobre mi mesa. Me dirijo a ti más por lo de raro (soy un montón) que por lo de escritor. Ni siquiera se me pincha la bicicleta, como a vosotros, a lo sumo una silla de ruedas. Pero no es momento de contarte mi vida.
Me gustaría me dijeras dónde debo dirigirme para hacerme suscritor de vuestra revista. Por mi parte, escribo algo, pero generalmente (no hay cabeza para más) son cosas de opinión sin importancia y sin interés para los ajenos a mi persona. Matar el tiempo. Si alguna vez tengo algo, os lo enviaré. Sobre el carnet de identidad, ya empezamos con las rarezas, lo tengo caducado hace nueve años.
Añado que a partir de mañana tengo 40 años y vivo en este pequeño pueblo de 70 habitantes al cuidado de mis padres. Si conocieras a alguien que escriba a mano, me ofrezco desinteresadamente a pasarle sus escritos por ordenador, en papel y en disquette. Sólo escribo con dos dedos, pero dispongo de diez horas diarias de tiempo para rellenar. El favor sería mutuo. A veces me pregunto: "¿qué vas a hacer mañana?". ¡Qué sé yo! Algún día igual me pondré a mecanografiar El Quijote, o cualquier otro libro.
Mis señas son las siguientes: Miguel Ángel Cibrián Dehesa. Villanueva de Odra, 09128. (Burgos). Sin más....
NOTA: A esta carta recibí respuesta. Pero, me sentí completamente decepcionado: Buscaba amistad y me respondieron con una carta de fotocopia, totalmente impersonal, destinada a propagar una revista, cuya suscripción me resultaba carísima, redactada por aficionados, donde podía incluir mis escritos. Además, me prometieron el envío gratuito como ejemplo del número del mes de setiembre, que jamás recibí.
El 13 de noviembre de 1993 se cumplió un año de uno de los secuestros con final fatal más terrorífico de nuestra historia de España. La televisión, en los días posteriores a la desaparición de estas chicas citadas en el título del texto, introdujo en el salón de nuestra casa y en nuestro corazón tres nombres, tres rostros, tres personas. Las tres adolescentes de Alcácer desde entonces fueron un poquito de nuestra familia. Falló la búsqueda a través del programa televisivo. ¿Qué buscaba auxiliar o popularidad? Ese es otro caso distinto que hoy no viene a cuento. Muchos quisieron responder a la llamada televisiva y, a pesar de su buena voluntad, dieron pistas esperanzadas, pero falsas.
Del desenlace fatal nos enteramos el 28 de enero del 93. Aquel día concluyó su búsqueda. La noticia produjo un escalofrío en nuestra piel. El triste final consiguió humedecer nuestros ojos: "¡No hay derecho!", nos dijimos en nuestro interior llenos de rabia.
Y efectivamente, no había derecho, pero esta vida no tiene marcha atrás. Hay quien dijo en su momento que ya habíamos encontrado a estas chicas, en este momento era hora de dejarlas descansar en paz. Tengo la seguridad, de que desde arriba, Miriam, Desiré, y Toñi, se sentirán dichosas si sacamos conclusiones provechosas de su muerte.
Es momento de reflexión. Siempre es tiempo de buscar conclusiones positivas. Por ejemplo, podemos pensar: ¿Qué es la libertad? Tal vez, no tenemos claro el concepto. Es corriente adulterar esta idea según nos convenga en cada situación.
- Si esto es la libertad -decía por entonces, y muy acertadamente, en la prensa escrita un periodista refiriéndose a este triste hecho- que nos borren.
Tenía mucha razón. Pero, las reflexiones no pueden quedarse en una sola fecha.
Podemos continuar la recapacitación haciéndonos preguntas. No es la primera vez que ocurre algo similar: un recluso "aprovecha" un permiso penitenciario para matar. ¿Quién tenía mas derecho, un preso a recibir un permiso, o tres jóvenes inocentes a vivir? Esa es una buena pregunta, pero, en honor a la verdad, no ahonda en el fondo de la cuestión. La respuesta está clara: La razón de la vida tiene prioridad. Pero, no nos engañemos, negar permisos, abarrotar las cárceles, no es ninguna solución por sí sola.
Estos padres de las niñas asesinadas, apoyados por otros padres de victimas en las mismas circunstancias, están recogiendo firmas para pedir que los violadores cumplan las sentencias completas. Yo, aunque sólo fuera por solidaridad, firmaría tal documento si lo pusieran ante mí. ¡Claro que sí! Pero... no es una solución. El problema nace en la educación de la sociedad. Hemos erigido otros dioses nuevos. En este caso, "el dios sexo" y pasan muchas cosas como ésta. Demasiadas. Este "dios" se cobra sus victimas.
En una encuesta, más de la mitad de los encuestados era favorable a la pena de muerte para los violadores con resultado de víctimas. ¡Cuánta mentira interesada nos decimos! Tal vez sean enfermos o hasta víctimas del modelo de sociedad. No es justo ser implacables con los violadores, mientras se está incitando indirectamente al delito. Semanalmente se emiten por las distintas cadenas de televisión 20 programas eróticos. La pornografía en películas y revistas está al alcance de todos, incluidos menores. Estamos ante el eterno problema de la libertad. ¿Es intocable la libertad? ¿No se la puede tocar cuando reporta más perjuicios que beneficios? La libertad ha de estar al servicio del bien común. Si en el bien común general un hecho produce más desventajas que ventajas, no puede considerarse libertad.
Es hora de reflexiones, de dar marcha atrás donde se pueda. Rectificar es de sabios. ¿Quedan? Es tiempo de llamar a las cosas por su nombre. De decir la verdad. La expresión "hacer el amor", es totalmente falsa. ¿Desde cuándo los sentimientos se hacen? Esa forma de hablar es un lazo de adorno para vender un burro peligroso. El amor se siente, no se hace. Las relaciones sexuales íntimas son algo maravilloso dentro del amor, pero sin cabida fuera de él. "¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?". No, no es solamente el título de una película cinematográfica. Es una pregunta hecha anteriormente por el ingenioso Groucho Marx.
No puedo pretender que todos piensen como yo, porque no todos los seres humanos vamos a ir vestidos con el mismo traje de color azul marino e idéntica corbata de rayas rojas. Sí puedo pedir, que todos recapacitemos. Esto puede ser lo mejor que les podemos dejar a las generaciones venideras. No está al alcance de los hombres devolver la vida a estas chicas. Pero, si podemos cuidar su semilla para que dé fruto. Estoy seguro de que a ellas no les importaría si de su muerte, crece un mundo mejor.
Cuando me planteé escribir esta colección de textos, para no caer en la tristeza, cosa que suelo hacer a menudo, me propuse poner en ellos unas gotas de ingenio. No tengo mucha agudeza en mi imaginación. Por mi carencia de chispa, la tomo prestada. Hoy inicio mi escrito recurriendo a uno de los dichos ingeniosos de Francisco Quevedo y Villegas. El mismo escritor se plantea las situaciones y se da las respuestas:
"- ¿Qué hay que hacer para hacerte invisible y que nadie te pueda ver?.
- Sé entrometido, hablador, mentiroso, tramposo, miserable, y nadie te podrá ver más que el diablo".
La agudeza de Quevedo es ingeniosa y hasta cierta, no lo niego, pero falla en mi caso concreto. Modestia aparte, no creo poseer todos esos calificativos negativos que cita en su explicación el genial escritor. Sin embargo, sí debo ser invisible y nadie me puede o quiere ver. Podría contar los verdaderos amigos con los dedos de una mano y me sobrarían dedos, en plural. ¿Que cuántos tengo? Si me preguntan por los amigos, no lo digo, pero si es la pregunta es sobre el número de dedos, afirmaré que tengo cinco, como todos.
La amistad es imprevisible. A veces uno no se da cuenta de cuanto sucede a su alrededor en relación con ella. Por lo general, en toda vida hay muchos "amiguetes" y pocos amigos de verdad. Se cae en la cuenta de la realidad cuando uno se siente necesitado de la amistad. El amigo es el nunca nos olvida. El "amiguete" vuela sin alas, es inútil esperarlo si se experimenta la soledad. La diferencia, salvo en la adversidad, no está clara, sólo el tiempo y los malos momentos hacen la selección. El amigo, es amigo de la persona. El "amiguete", es amigo solamente de los triunfos de esa persona. Lo imprevisible del tema está en que la amistad surge de quien aun conociéndolo no lo considerabas como amigo. Si tiempo atrás, por un extraño encargo de algún profesor educativo, se hubiera confeccionado una lista con los nombres de los amigos, no lo habríamos incluido.
De quien hablo hoy no es amigo, sino compañero. Somos familiares lejanos y, aunque es algo más joven que yo, asistimos juntos a la escuela del pueblo. Mis relaciones con él no fueron sólidas, pues ni siquiera mi edad. Habría un centenar largo de personas con quienes, bien en la escuela o bien en el colegio, tuve más trato. Pero hoy hay una diferencia que define la amistad: Él me visita cuando puede en medio de mi infortunio... los otros no. Además vive aquí "cerquita", en Sydney (Australia). ¡Casi nada!.
En su última visita hablamos durante dos horas. Fue un tiempo muy agradable. Tocamos muchos temas. Sólo hablaré en mi escrito de cuantos están fuera de la intimidad. La crisis económica fue uno de ellos. El la llamaba, tal vez sean cosas de la traducción del idioma en que se mueve, recesión económica.
- ¿Qué Gobierno tenéis allí? -pregunté.
- Igual que aquí, los obreros, laboristas se llaman allí.
- ¿Los socialistas?
- Sí, los de aquí eran obreros antes y ahora se han puesto corbata.